viernes, 1 de octubre de 2021

La resistencia armada antifranquista

 

“En España, la marca que dejó la guerrilla fue muy importante, pero con el anuncio del fin de la guerra pareció borrarse, como si nunca hubiera ocurrido. Lo cierto es que no sólo sucedió, sino que su legado comenzó a despertar con más fuerza que nunca, aunque fuera de nuestras fronteras.”

Alfonso López García[1]

 

El Ejército Popular

En la Guerra Civil española no sólo combatieron ejércitos regulares. La presencia de milicianos en buena parte de sus escenarios bélicos es un dato histórico incuestionable. El ejército republicano se tuvo que reinventar desde los primeros momentos del conflicto. La intervención de los civiles fue decisiva desde el mismo 18 de julio y sirvió para abortar la rebelión militar en muchos lugares de nuestra geografía. Los sindicatos reclutaron combatientes entre sus afiliados y simpatizantes que suplieron el importante déficit de militares leales a la República. También lo harán diversos partidos de izquierdas como el PCE o el POUM.

Durante el otoño de 1936 el gobierno de Largo Caballero, ante la heterogénea composición de las fuerzas armadas que estaban cubriendo los diferentes frentes de guerra, aborda una reorganización completa de las mismas:

"A fines de septiembre, el día 30, y en los primeros días de octubre, se dio un paso trascendental: la militarización de las milicias, es decir su conversión en fuerzas sujetas al Código de Justicia Militar. Ese sería el comienzo de la creación de un nuevo Ejército Popular cuya base estaría constituida por la gran unidad tipo Brigada Mixta, de unos seis mil hombres, la creación de las seis primeras se ordena el 10 de octubre. Los primeros grandes desembarcos de material de guerra ruso tienen lugar en la segunda mitad de octubre en puertos mediterráneos.

El Partido Comunista participó en este nuevo esfuerzo militar con la creación de algo que fue mucho más que una unidad militar, el Quinto Regimiento de Milicias Populares, en Madrid, que fue, de hecho, centro de reclutamiento, escuela de guerra, creador de unidades, vivero de mandos y núcleo de la influencia comunista en el nuevo ejército. Su comisario jefe fue el comunista italiano Vittorio Vidali, conocido como comandante Carlos Contreras.”[2]

De esta manera se integrarán los miles de voluntarios que acudieron a defender la República en las estructuras militares de la misma y recibirán el adiestramiento y el armamento mínimo imprescindible para poder desempeñar las tareas que se les fueron asignando. A este nuevo Ejército Popular se incorporaron también los voluntarios extranjeros que formaron parte de las Brigadas Internacionales y será el que asuma el papel fundamental en la lucha contra las fuerzas que mandaba Franco.

 

La resistencia urbana en la zona nacional durante los primeros días de la Guerra

Las fuerzas obreras y republicanas que quedaron atrapadas en la zona nacional opusieron resistencia al alzamiento en muchos lugares de nuestro país. En Galicia hubo combates en la ciudad de La Coruña hasta el día 22 de julio. En Vigo unas milicias improvisadas defendieron el Ayuntamiento frente a los militares hasta que fueron aplastados. En El Ferrol la resistencia la opuso la marinería de la Base Naval, dirigida por el contralmirante Azarola, jefe de la misma. Se rindieron el 21 de julio. Azarola fue fusilado.

En Zaragoza estalló una huelga general el 20 de julio y hubo resistencia armada hasta el 24, cuando los sublevados reciben refuerzos desde Navarra. También opusieron resistencia en Jaca un grupo de guardias civiles leales a la República, mandados por el alcalde de la ciudad, que murió en combate.

En Salamanca se combatió en la Plaza Mayor. En Cádiz se levantaron barricadas en el centro de la ciudad. La resistencia estuvo dirigida por el gobernador civil, Mariano Zapico Menéndez, que se rindió el día 19 cuando desembarcó un tabor de regulares que llegaron en el destructor Churruca y en el mercante Ciudad de Algeciras. También hubo combates en la Base Naval de San Fernando y en La Línea de la Concepción. En Granada:

“Los obreros y fieles a la República organizaron la resistencia en el Barrio del Albaicín, logrando resistir durante varios días los ataques de los rebeldes. Los sublevados tienen que usar la artillería para controlar el barrio, que resiste hasta el jueves 23 de julio. Se inicia entonces una fuerte represión en la ciudad de Granada y en sus alrededores.”[3]

“Numerosos recintos fueron habilitados como improvisados centros de detención. A las afueras de la ciudad se estableció un campo de concentración, mientras que la Comisaría de policía y el Gobierno Civil pronto se vieron abarrotados de detenidos[4]. La cárcel de Granada, que tenía capacidad para unas 400 personas, vio masificadas sus instalaciones con más de 2000 personas encarceladas[5]. Muchos de los detenidos eran llevados al cementerio y fusilados allí mismo, la mayoría de ellos sin formación previa de causa. El mes que más fusilados hubo fue en agosto de 1936, con 572 ejecutados[6]. Durante toda la contienda serían fusiladas unas 5000 personas”[7].[8]

Pero la resistencia más dura y sangrienta de todas fue la de la ciudad de Sevilla, sede de la II División Orgánica, que tenía jurisdicción sobre toda Andalucía, donde había acuartelados unos 4.000 soldados, que en su mayoría se decantaron por el bando nacional desde las primeras horas de la tarde del 18 de julio y fueron apoyados por la guardia civil de la ciudad. La gran excepción fue la Base Aérea de Tablada, que se mantuvo fiel a la República, junto con la guardia de asalto.

“Un número desconocido de milicianos de izquierda levantó barricadas en los barrios populares de Triana, la Macarena y San Bernardo y se dispuso a resistir con armas ligeras. Desde la provincia de Huelva el Gobierno envió refuerzos: unos 120 guardias civiles y de asalto y una columna de mineros con dinamita[9]. Sin embargo el jefe de los guardias se pasó a los sublevados y el 19 por la mañana tendió una emboscada a los mineros, a los que aniquiló en la Pañoleta[10]. Por su parte los sublevados sí que recibieron refuerzos: tropas de la Legión y de Regulares llegadas por tierra y por aire[11].

El día 20 los militares golpistas lanzaron ataques contra Triana y contra la plaza de San Marcos, que fueron ambos repelidos. Al día siguiente una nueva ofensiva sobre Triana, con más tropas y más organizada, acabó con la resistencia del barrio. El día 22 los golpistas asaltaron y tomaron la Macarena y los restantes barrios controlados por las milicias de izquierda. Durante estos combates los sublevados fusilaron a todo resistente o sospechoso de serlo, muriendo un número desconocido de combatientes y de civiles. En los meses siguientes continuaron los fusilamientos; se estima que fueron ejecutadas entre 3000 y 6000 personas”[12].

“El 22 de julio por la tarde fuerzas sublevadas de caballería, regulares y voluntarios derechistas atacaron y tomaron el barrio de San Bernardo, último reducto frentepopulista en la ciudad de Sevilla. Hicieron cientos de prisioneros[13]. Ese mismo día también se apoderaron de Carmona, último obstáculo en la ruta entre Córdoba y Sevilla, así como El Arahal”[14].

“Al tenerse noticia en Madrid de los combates en el centro de Sevilla, el director general de la Guardia Civil, general Pozas, ordenó que se enviasen desde la provincia de Huelva refuerzos para ayudar a sofocar el intento de golpe de estado[15]. Se constituyó así una agrupación de combatientes voluntarios en las cuencas mineras de la provincia de Huelva para transportar dinamita a Sevilla. El plan era que los mineros se uniesen en La Palma del Condado a un grupo de guardias civiles y de asalto enviados desde Huelva capital para entrar juntos en la capital hispalense. Sin embargo el comandante de estos guardias traicionó a sus mandos, se pasó a los sublevados y el 19 de julio por la mañana tendió una emboscada a la columna minera en La Pañoleta, a las afueras de Sevilla[16]. Los guardias ametrallaron a los mineros, haciendo estallar la dinamita. Murieron 25 mineros y 71 fueron hechos prisioneros. Algunos camiones pudieron dar media vuelta y huir mientras el resto de la columna se desbandó a pie[17]. Los capturados serían más tarde condenados a muerte y fusilados, excepto uno que se salvó por ser menor de edad”[18].

“El ejército y las milicias derechistas fusilaron a varios miles de personas en Sevilla y su provincia durante la sublevación y los meses siguientes. La cifra exacta es desconocida porque la gran mayoría de los fusilados no fueron inscritos en el registro civil de fallecimientos[19]. La estimación más baja publicada es la del general franquista Ramón Salas Larrazábal, que la limita a 2.417 ejecutados en toda la provincia. El exgobernador Varela calculó unos 6.000 muertos mientras que Antonio Bahamonde, exdelegado de prensa de Queipo de Llano, escribió que fueron 20.000 solo en Sevilla capital. Se ha comprobado que entre julio de 1936 y febrero de 1937 fueron arrojados a la fosa común del cementerio de la ciudad 3.028 cadáveres anónimos, probablemente todos muertos a manos de los sublevados. Entre ellos deben encontrarse los restos del alcalde de la ciudad, Horacio Hermoso, y los del presidente de la Diputación Provincial, José Manuel de Puelles, ambos fusilados[20].

La violencia desatada por los golpistas tuvo varias fases. Durante la sublevación fueron fusilando sobre la marcha a todo combatiente enemigo capturado y arrestando a muchas otras personas. La ciudad se llenó de cárceles improvisadas en las que se agolpaban miles de sevillanos. Los arrestos, torturas y fusilamientos eran llevados a cabo por organizaciones diversas (falangistas, carlistas, militares, etc.) y sin ningún procedimiento judicial”[21].[22]

 

Los huidos de la zona nacional

Millones de personas, militantes, simpatizantes o simples votantes de los partidos o sindicatos republicanos quedaron situados, desde el primer momento de la Guerra, en la zona nacional y tuvieron que sufrir la dura represión que los sublevados emplearon contra ellos y que hemos descrito en artículos anteriores. Los fusilamientos indiscriminados de “rojos” fueron masivos en algunos lugares. El caso más paradigmático de todos fue, indudablemente, la ciudad de Badajoz, donde se fusiló, en sólo dos días, al 10% de su población total. La brutalidad empleada por el nuevo régimen causó estupor incluso entre algunos de sus aliados. Algunos testimonios de ese genocidio proceden de… ¡la prensa portuguesa! es decir, de los periodistas de un país que apoyó a los sublevados desde el primer momento.

En el artículo anterior nos ocupamos de la represión. Hoy nos centraremos en la resistencia frente a la misma. Muchas personas que sabían que irían a por ellos decidieron huir antes de que los capturaran. La casuística fue infinita, dado el carácter masivo de las detenciones y las ejecuciones que tuvieron lugar por toda la geografía de la España que había quedado en la zona nacional. La mayor parte de los huidos intentaron llegar a la zona republicana o a algún país fronterizo, Francia o Portugal. Otros simplemente se escondieron en lugares que consideraban seguros, esperando ganar tiempo para poder evitar, de alguna manera, lo que les esperaba.

Pero hubo un tercer grupo de personas que se “echó al monte” y que desde allí intentaron organizarse mínimamente, muchos de ellos para, simplemente, sobrevivir, pero otros con la intención de sabotear el avance del ejército nacional o las infraestructuras que utilizaba.

El núcleo más numeroso de huidos que se formó durante la Guerra estuvo en el límite entre León y Galicia. Se formó durante los primeros meses:

“Se movían en el área comprendida entre Ponferrada (provincia de León), Puebla de Sanabria (provincia de Zamora) y Viana del Bollo (provincia de Orense), teniendo su «santuario» en la parroquia de Casaio (en el término municipal de Carballeda de Valdeorras), en la sierra del Eje, limítrofe entre las provincias de León y de Orense, y extendiendo sus bases a la vecinas sierra de Cabrera y sierra Segundera. Estos grupos organizaron una red de evasión a Portugal gracias a la colaboración del alcalde de la localidad fronteriza portuguesa de Pinheiro Novo. Tras la caída del frente norte en octubre de 1937 su número se incrementó con la llegada de soldados republicanos procedentes de Asturias[23]. Los líderes más conocidos fueron Girón, pronto convertido en una figura legendaria, Serafín Fernández, Ramón Santeiro y David Fuentes Álvarez, ´Velasco´.”[24]

Durante la Guerra hubo tres focos de resistencia guerrillera en Andalucía: la Sierra de Huelva y zonas cercanas (una de sus partidas, la del “Zorro”, actuó en el municipio de Niebla, bastante alejado de la sierra), los del Norte de Córdoba (Peñarroya, Villafranca y los Pedroches), y el foco guerrillero de Nerja, que actuaba desde Málaga hasta Motril.

En el resto del territorio nacional la mayor parte de los huidos alcanzaron las líneas republicanas o las fronteras exteriores del país.

 

Las bases de apoyo de la guerrilla

La resistencia en la zona nacional no sólo estuvo circunscrita a los guerrilleros. Para que éstos pudieran sobrevivir era necesaria la colaboración de muchos vecinos que seguían viviendo en sus domicilios respectivos y que les dieron su apoyo de manera clandestina, asegurando una infraestructura mínima de logística, comunicación e información. Buena parte de estas personas tenían relación de parentesco con los huidos, lo que los convirtió en objetivos prioritarios de la represión franquista, pero eran muchos más que los que actuaban en los montes. La redes clandestinas de apoyo a la resistencia proliferaron en todas las zonas donde ésta existió, y serán los que sufran de manera más intensa la persecución de las fuerzas represivas:

“Para el sostenimiento de la actividad guerrillera resultó fundamental el apoyo de sectores de la población civil, conocidos como enlaces. Se utilizaron otras denominaciones como guerrilleros del llano o milicias pasivas. Proporcionaron a los grupos armados alimento y cobijo cuando era necesario, pero también información. También desempeñaron funciones de correos u otros encargos para las partidas.

Los enlaces estaban mucho más expuestos que los maquis a la actividad represiva de las fuerzas del orden. Conformaron una cantera de combatientes, puesto que en caso de ser descubiertos, el único camino para evitar la detención consistió en echarse al monte. Es por ello que en el comienzo de los años 50, cuando la actividad guerrillera ya daba sus últimos coletazos, todavía siguen incorporándose hombres y mujeres a las partidas.

El número de enlaces fue mucho mayor que el de combatientes. Durante los años de actividad guerrillera en España, fueron detenidas 20.000 personas por colaborar con el maquis[25]. El pintor palentino Ambrosio Ortega fue la persona que más años pasó en prisión durante el franquismo por su actividad como enlace, al permanecer en distintas cárceles entre 1947 y 1970[26].[27]

 

Los saboteadores

“Un obús había tocado el edificio, pero no había estallado. Había pasado a través de las viejas gruesas paredes y se había tumbado a descansar a través del umbral del dormitorio de los guardias. […] Los guardias transportaron el enorme proyectil, ahora inofensivo, al patio. Alguien tradujo la tira de papel que se había encontrado en el hueco entre la espoleta y el corazón de la bomba. Decía en alemán: «Camaradas: no temáis. Los obuses que yo cargo no explotan. Un trabajador alemán». Se abrieron de par en par las grandes puertas de hierro y sobre una mesa colocamos el obús, para que todos lo vieran. Vinieron miles a contemplar el obús y la tira de papel escrita en caracteres góticos.”[28]

Esta cita pertenece a la obra “La forja de un rebelde”, de Arturo Barea. Hay quien sostiene que ese hecho concreto al que Barea hace referencia en su libro es pura ficción. Se trata de una bomba que no explotó en el Palacio de Santa Cruz de Madrid, sede entonces del Ministerio de Estado, y hoy del de Asuntos Exteriores. Barea era, en noviembre de 1936 cuando se supone que ocurrió el suceso, un alto funcionario a las órdenes del gobierno republicano.

Si bien este hecho literario no ha podido ser adecuadamente contrastado, hay otros muchos que sí lo han sido y en los que podría haberse perfectamente inspirado. Unos proceden de la prensa y otros de documentos que obran en diferentes archivos del régimen franquista.

Durante el ataque de los nacionales a la Ciudad Universitaria de Madrid, entre el 16 y el 23 de noviembre de 1936, en otro obús sin estallar se encontró esta nota:

“Compañero: Estoy aquí a la fuerza, pero mi corazón está con vosotros. En mi pueblo me obligaron a unirme a los fascistas con la amenaza de fusilarme si no lo hacía. En el servicio militar fui artillero y me han destinado a una de las baterías que tiran contra vosotros. Aunque me descubran y me maten, mis obuses no estallarán. En cuanto pueda me escaparé para unirme a vosotros. ¡Viva la República! ¡Salud!”.[29]

Un espía de los nacionales, en Barcelona, pasó el siguiente informe a sus superiores el 25 de octubre de 1937:

“En uno de los últimos bombardeos de Barcelona, en que se atacó la barriada de la Barceloneta, dejaron de estallar unas catorce bombas, que llevaban una moneda de diez céntimos entre el percutor y el fulminante.”[30]

Otro informe del 9 de mayo de 1938, procedente de un agente en Madrid, dice:

“Los rojos han hecho un estudio de los proyectiles recogidos que no han explotado y de su examen se desprende que en su fabricación hay un sabotaje claro. Este estudio fue hecho al día siguiente del bombardeo intenso sobre Madrid (día de la toma de Lérida), y la cantidad de proyectiles sin explotar fue muy grande. Además de poder fijar el porcentaje de los que no explotaron, se pudieron apreciar los diferentes defectos de los obuses, como falta de taladro del fulminante; trozos de periódico en la espoleta para evitar el contacto con el fulminante; los agujeros que comunican de la espoleta al obús cambiados… además de defectos generales en la fabricación de la espoleta.”[31]

Estas citas y otras muchas que no podemos recoger aquí, pero que pueden ver en el libro de Antonio López García, “Saboteadores y Guerrilleros. La pesadilla de Franco en la Guerra Civil”, nos pueden dar una idea de la tesitura en la que tuvieron que verse muchos republicanos de corazón que, sin embargo, les cogió la Guerra en la zona nacional. Nos consta la seria preocupación de los dirigentes franquistas, para los cuales todo el mundo era sospechoso mientras no se demostrará lo contrario. Sabían que buena parte de la población de las áreas geográficas que ellos controlaban eran republicanos en su fuero interno, aunque no se atrevieran a manifestarlo. Por eso apostaron fuerte por la política de terror que practicaron desde el primer momento de la sublevación y que ya vimos explicitada en las instrucciones reservadas de Mola en una fecha tan temprana como el 25 de abril de 1936[32].

Como consecuencia de los diversos informes de inteligencia que estaban recibiendo, los nacionales iniciaron diversas investigaciones para intentar identificar a los autores de todos los sabotajes de los que fueron teniendo noticia. Una de las fábricas de municiones más importante de la España nacional era la de El Fargue, de Granada. “Hay quien respalda la teoría de que la sublevación se produjo en Granada a causa de esa fábrica”[33]. Está acreditado que buena parte del material que salió de allí había sido neutralizado por muchos trabajadores de la misma. La represión no tardó en producirse:

“Según sostiene Domingo González Arroyo, la represión fue brutal y, en el mejor de los casos, ciento setenta trabajadores (la cifra podría ascender a cuatrocientos cincuenta) fueron fusilados y enterrados en las fosas del barranco de Víznar.”[34]

 

El XIV Cuerpo de Ejército

El gobierno de la República sabía que buena parte de la población que vivía en la zona nacional era republicana, y desde el primer momento de la Guerra actuó en consecuencia. Las ondas hertzianas de las emisoras de radio no conocían fronteras ni sabían dónde estaba la línea del frente. En ambos bandos se escuchaban las emisoras de los dos lados, y la gente conocía perfectamente el argumentario que cada cual usaba y las noticias que circulaban en ambos lados de la línea del frente.

También hubo en muchos lugares bombardeos… de octavillas, a través de los cuales se esperaba alimentar la resistencia en territorio enemigo.

“Al mismo tiempo que estas pequeñas células desestructuradas y meramente defensivas, ubicadas en zonas controladas por el Ejército nacional, comenzaba a nacer una organización algo más ordenada -formada por voluntarios, huidos, desertores, campesinos reconvertidos…-, pero ya en zona republicana. Ellos fueron verdaderamente los primeros guerrilleros de la Guerra Civil en cuanto a hostigamiento real, ya que, a pesar de su débil y básica estructura inicial, pasaron a la acción desde el primer momento y, además, contaban con la ventaja de tener sus bases en zona segura.

La acción consistía, ni más ni menos, en arriesgar sus vidas pasando a la zona enemiga, donde permanecían horas o días, causar el mayor daño posible en acciones exprés de guerra de guerrillas y regresar a la zona republicana. La noche era su aliada más preciada.

Esta actitud guerrillera tan beligerante desde la misma sublevación obedecía más al deseo de ofrecer batalla al enemigo por su cuenta y riesgo que a una estrategia ofensiva planificada. Pese a esa precariedad estratégica, en este estado embrionario comenzaron a realizarse en la zona sublevada sabotajes espontáneos de cierta envergadura, como voladuras de trenes, puentes, presas, acciones de agitación local, reparto de propaganda subversiva, robo de material o de ganado, cortes de comunicaciones e incluso asaltos y asesinatos en diversas zonas de la geografía española donde el levantamiento militar se había consolidado.”[35]

Ya hablamos otro día del grupo “Libertador”, fundado por Francisco Ponzán[36], que no sólo se mantuvo hasta el final de la Guerra, sino que después pasó a Francia y terminó montando la red de evasión más importante de la Segunda Guerra Mundial, que actuaba en Francia, España, Portugal y Gibraltar y acabó colaborando con los servicios secretos británicos, franceses y norteamericanos.

Pronto el gobierno republicano tomó conciencia de la labor que estaban desempeñando los guerrilleros y decidió integrarlos en el esfuerzo bélico del Ejército Popular, para que actuara de manera coordinada con él, y creó el Batallón de Guerrilleros.

“El 17 de abril de 1937 se dio un paso más en la organización y puesta en valor de la labor de estos comandos republicanos durante la Guerra Civil española. De nuevo fue Francisco Largo Caballero quien ordenó a la Sección de Información del Estado Mayor del Ministerio de Guerra que se constituyese el «Batallón de Guerrilleros».”[37]

Cuando Largo Caballero fue reemplazado por Juan Negrín en la Presidencia del Gobierno, esta unidad fue reestructurada, se crearon nuevas compañías e, incluso, un batallón “alpino”. Un día antes de que los republicanos lanzaran la ofensiva sobre Teruel

“… un grupo de guerrilleros, formado por seis españoles, dos finlandeses y dos estadounidenses, consiguió penetrar en zona rebelde para volar el puente que unía Teruel con Albarracín. Esta acción exitosa, preludio de la sangrienta batalla de Teruel, probablemente fue la que inspiró a Hemingway en su famosa novela Por quién doblan las campanas.[38][39]

El 12 de diciembre de 1937 el Jefe del Estado Mayor del ejército republicano mandó las siguientes instrucciones cifradas a sus mandos subordinados:

“Para ciertos efectos de contraespionaje y propaganda, en lo sucesivo las unidades de guerrilleros se denominarán, hasta nueva orden, Catorce Cuerpo de Ejército.”[40]

Los republicanos emulaban así otra decisión semejante tomada en la Guerra de la Independencia (1808-1814) cuando los guerrilleros al mando de Mendizábal pasaron a llamarse VII Cuerpo de Ejército. Con la notable diferencia de que el que acababan de crear formó parte desde el primer momento del organigrama oficial del Ejército, lo que nunca ocurrió con el de Mendizábal. Este telegrama

“… lo cambió todo. Se trataba de la primera vez que aparecía una unidad de guerrilleros ligada a un cuerpo de ejército con participación en la estrategia global y con dependencia orgánica, táctica y administrativa”[41]

Previamente se había creado una escuela de formación de guerrilleros en Benimamet (Valencia). Se diseñó un curso estándar de 116 horas lectivas con el siguiente programa:

1.      Enseñanza de los aparatos (44 horas)

2.      Armamento y su manejo (20 horas)

3.      Topografía (26 horas)

4.      Preparación táctica (20 horas)

5.      Enseñanza de materiales explosivos y partes de que se componen.[42]

A partir de entonces el XIV Cuerpo de Ejército empezó a actuar siguiendo órdenes de sus superiores, lo que dio mucho más coherencia a sus actuaciones, y éstas se integraron dentro de un plan más global, que se coordinaba con el ejército regular.

“Las misiones no podían rebasar los 50 kilómetros de profundidad en territorio hostil y los objetivos volvieron a quedar reflejados por escrito:

a)      Interrumpir la circulación ferroviaria mediante voladura de trenes, puentes, túneles, carriles, etcétera.

b)      Interrumpir la circulación en las carreteras y caminos por medio de voladuras de automóviles y puentes.

c)      Destrucción de objetivos militares y aniquilamiento de guardias enemigas.

d)      Interrupción de las comunicaciones telefónicas y telegráficas.

e)      Recoger toda clase de información de la zona rebelde.”[43]

Al mando de las fuerzas guerrilleras al servicio de la República siempre estuvo Domingo Ungría, y éste llegó a tener más de 9.000 hombres bajo su mando, “una apuesta por la guerrilla como pieza fundamental en la desestabilización del enemigo”[44]. Entre sus filas había un alto porcentaje de extranjeros procedentes de las Brigadas Internacionales (rusos, yugoslavos, norteamericanos…). Esto tendrá consecuencias históricas importantes a partir del estallido de la Segunda Guerra Mundial, como veremos más adelante. Podemos citar al soviético Khadzi-Umar Mansurov (alias Santi), la dinamitera rusa Elisaveta Parshina (Josefa Pérez Herrera, que llegó a nuestro país como traductora del Estado Mayor de la aviación y acabó en un destacamento nocturno de reconocimiento y sabotaje), y los norteamericanos Milton Wolff (Lobo), William Aalto, Irving Goff, etc.

“Si creemos los datos que ofrece Stárinov, desde octubre de 1936 hasta septiembre de 1937, la unidad de Domingo Ungría realizó doscientas treinta y nueve operaciones de sabotaje, diecisiete emboscadas y seis incursiones, con ochenta y siete trenes descarrilados, ciento doce vehículos destruidos y dos mil trescientas bajas enemigas entre muertos y heridos. Por su parte, sólo catorce guerrilleros resultaron muertos, un dato que no solo cuesta acreditar, sino tomar como válido. Es evidente que hubo muchas bajas, pero era difícil cuantificar durante una huida cuántos enemigos habían caído, por lo que lo habitual era engrosar la lista al alza.”[45]

Aunque este informe estaba seguramente bastante inflado, hace referencia a un periodo anterior a la creación del XIV Cuerpo de Ejército. Sabemos que la efectividad de las fuerzas guerrilleras dio un salto, tanto cuantitativo como cualitativo en 1938, que vino parcialmente a compensar las derrotas que estaba sufriendo el ejército regular. La creciente apuesta del gobierno republicano por la guerrilla fue una consecuencia de los éxitos que éstas estaban cosechando sobre el terreno.

“Un grupo de sesenta hombres, con comandancia ubicada en Castuera, había volado veintiún trenes en Talavera, Mérida, Cáceres, Córdoba y Zafra. En seis de esos trenes iban soldados. Además, según este informe, «el 17 de febrero se hizo saltar un tren en la línea Mérida-Cáceres, compuesto de 22 vagones con moros. El tren fue destruido completamente.

Tampoco se libraron los soldados italianos de la actividad saboteadora guerrillera, ya que el 28 de febrero se explosionó un tren cargado de soldados. Además, cortaron las comunicaciones telefónicas, hicieron prisioneros a veinticinco enemigos y se incautaron de seis coches.”[46]

Estos son algunos ejemplos de acciones guerrilleras que consiguieron sembrar el pánico en buena parte de la zona nacional. Franco “publicó un bando ofreciendo una gratificación de mil pesetas al que lograse apresar, vivo o muerto, a cualquier persona que se encontrara realizando un acto de sabotaje”[47]

 

El asalto al fuerte de Carchuna y sus consecuencias

En Carchuna (Motril) los nacionales tenían un recinto fortificado donde estaban presos 300 soldados republicanos, capturados en Asturias cuando cayó el Frente Norte. “Allí realizaban trabajos de fortificación, de construcción de carreteras e incluso de un aeródromo militar en la zona.”[48]

Cuatro tenientes consiguieron fugarse el 19 de mayo de 1938 y alcanzaron las líneas republicanas. El 23 volvieron con 31 guerrilleros más. Cortaron el hilo telefónico para dejarlos incomunicados y asaltaron después el fuerte, en una operación silenciosa y cronometrada en la que mataron a cuatro vigilantes y liberaron a los 300 prisioneros, que se reincorporaron después al Ejército Republicano. Sufrieron dos bajas en un tiroteo con fuerzas de la Guardia Civil. Esta acción tendrá después repercusiones tanto en España como en el extranjero.

En España, después de otros sabotajes, cada vez más audaces, efectuados en la zona nacional, obligaron a Franco a permitir algo que muchos de sus colaboradores estaban pidiendo: crear una contraguerrilla. El 20 de octubre de 1938 se fundaron los “Grupos C”, con una dotación de 150 hombres, que recibirían una recompensa extra “por cada guerrillero capturado, con o sin vida”.

“Franco quiso dejar claras las misiones de estos hombres, que consistirían en sabotajes y atentados previamente fijados o diseñados por los jefes de cada sector. Para que nada se escapase del organigrama militar, una vez realizado el estudio previo al ataque, sería un oficial el que se encargaría directamente de mandar la expedición.”[49]

La persona que fue puesta al mando de los “grupos C” se llamaba, curiosamente, José Ungría. Su raro apellido coincidía con el del que mandaba a los guerrilleros republicanos. En cualquier caso los “grupos C” eran cuantitativamente insignificantes en comparación con sus adversarios y llegaban ya demasiado tarde a la lucha. A finales de octubre de 1938 la guerra ya estaba prácticamente decidida.

 

Escuela mundial de guerrilleros

Dicen que en España se inventó la guerra de guerrillas, pero la mayoría de los que afirman esto suelen referirse a la Guerra de la Independencia contra las fuerzas napoleónicas. En realidad las guerrillas son tan viejas como el mundo. Es lo que les queda a los que no tienen capacidad para poder enfrentarse a un enemigo mucho más poderoso y mejor organizado. La resistencia dispersa y clandestina es lo único que se puede hacer cuando la superioridad de tu adversario es abrumadora.

Durante la Guerra de la Independencia es cuando los teóricos militares del siglo de las luces tomaron conciencia de la importancia estratégica que tiene el obligar a tu adversario a distraer efectivos y recursos que necesita en su frente principal, para atender la multitud de frentes pequeños y dispersos que crean los guerrilleros. La guerrilla eleva extraordinariamente los costes de una ocupación militar, lo que termina teniendo consecuencias si se mantiene esa lucha de baja intensidad durante suficiente tiempo. Pero los déspotas ilustrados se enteraron de esto, que es bastante viejo, en España, entre 1808 y 1814.

Sin embargo, aunque esta forma de combatir pasó a los textos militares a partir de entonces, lo hizo a un nivel bastante teórico, demasiado filosófico como para que la experiencia fuera exportable a países que carecían de la tradición insurreccional armada de nuestro país o de sus características orográficas y ecológicas.

El XIV Cuerpo de Ejército republicano, sin embargo, sistematizó esa experiencia, preparó manuales, creó una escuela, elevó la formación de los guerrilleros para que pudieran desempeñar mucho mejor su función y los integró dentro de las filas del Ejército Popular. Esto representa un salto cualitativo notable con respecto a cualquier otra guerrilla anterior.

La derrota republicana y el posterior exilio de buena parte de estos efectivos, así como la presencia en ellos de muchos voluntarios extranjeros de las Brigadas Internacionales, dispersó ese conocimiento por el mundo unos meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Los nazis se encontraron con guerrilleros en Francia, en Italia, en Yugoslavia, en Grecia, en Rusia… guerrilleros con experiencia de combate y con formación teórica, capaces de improvisar una bomba con productos que se pueden comprar en cualquier droguería; guerrilleros que sabían de táctica y de estrategia, acostumbrados a coordinarse con los ejércitos regulares. Serán una pesadilla para Hitler.

Es imposible entender el rápido surgimiento y desarrollo de la Resistencia Francesa contra los nazis sin la presencia en territorio galo de miles de guerrilleros españoles desde 1939. Francisco Ponzán, Vicente López Tovar, Cristino García, Gabriel Pérez, Miguel Arcas… enseñaron a los franceses a combatir de manera eficiente a las fuerzas de ocupación.

“Francia constituyó un refugio para muchos de estos voluntarios, que en 1941 realizaron alguna acción esporádica. Fue un año después cuando se refundó oficialmente el XIV Cuerpo de Guerrilleros Españoles, bajo el mando directo del PCE, formado al principio por unos quinientos hombres que realizaban acciones en la zona oriental de los Pirineos.

El nombre elegido, en homenaje al Cuerpo de Ejército que actuó durante la Guerra Civil, estará integrado por los Franc-tireurs et partisans (FTP), fundados por el Partido Comunista francés, y que, a su vez, estaban formados por miembros de la Organisation spéciale (OS)[50] y la Main-d´oeuvre Immigrée (MOI).”[51]

Las fuerzas de Tito, en Yugoslavia, aprovecharon al máximo la experiencia de los guerrilleros que acababan de regresar de España. No hay que olvidar que 1.500 voluntarios yugoslavos, en su mayoría comunistas, combatieron en España. George Delich quizá sea el más conocido de ellos. También había muchos griegos.

Domingo Ungría, el máximo dirigente del XIV Cuerpo de Ejército español, el fundador de la escuela de Benimamet, era comunista, y se exilió en la Unión Soviética. Allí, como era de esperar, se encargó de entrenar a los voluntarios, sobre todo en misiones de riesgo en paracaídas para adentrarse en las líneas alemanas. Muchos españoles formaron parte de estas unidades.

“… en julio de 1943, en Ucrania, donde un comando formado por veinte guerrilleros recibió la orden de dinamitar un tren en el que viajaban varios oficiales alemanes. La misión tuvo que retrasarse porque los españoles fueron descubiertos por un perro vigía y se produjo un intercambio de disparos. Aun así, al amanecer consiguieron infiltrarse en la estación y destruyeron el tren. En la acción murió el guerrillero asturiano Antonio Blanco.”[52]

El norteamericano Irving Goff, que participó en la voladura del puente sobre el río Albarracín, previa a la Batalla de Teruel y después en la liberación del Fuerte de Carchuna (las dos operaciones habían sido dirigidas por el también norteamericano William Aalto), tras volver a su país acabó desempeñando allí tareas de inteligencia.

“En 1942 fue trasladado al norte de África, donde se encargó de entrenar a reclutas españoles para operar detrás de las líneas alemanas. […] Tras la invasión aliada de Italia de 1943, fue trasladado a Nápoles, donde mostró claramente la experiencia adquirida en España como guerrillero. La OSS lo nombró oficial de enlace del Partido Comunista de Italia, y los norteamericanos aprovecharon sus conocimientos para liderar las guerrillas situadas detrás de las líneas alemanas en el norte de Italia. Los programas de infiltración de Goff permitieron el lanzamiento en paracaídas de treinta equipos de operadores de radio y meteorológicos en áreas controladas por los nazis, que proporcionaron informes diarios para las fuerzas aéreas aliadas.

Mientras trabajó con los comunistas italianos, Goff creó la operación de inteligencia más eficaz en el norte de Italia. «Teníamos guerrilleros operando en todas las carreteras, en todos los ferrocarriles, en todos los convoyes alemanes. Teníamos identificaciones, el material en cada automóvil, en cada carretera reportada a través de la red de radios», recordaba.[53][54]

Vicent Lossowsky, también norteamericano, peleó en Belchite y en Teruel

“En mayo de 1943 comenzó a entrenar a agentes junto a Irving Goff en el Área A, cerca de Argelia, donde estuvo hasta el mes de junio. Asimismo organizaron en Marruecos una escuela especial para entrenar a treinta y cinco agentes españoles. En septiembre de 1943 llegó a Italia, donde trabajó en labores de contraespionaje y en interrogatorios de refugiados y desertores.

En octubre organizó una escuela cerca de Nápoles, en Pozzuoli, donde entrenó a sesenta agentes en combates de tipo guerrillero y en acciones de sabotaje en líneas enemigas[55]. En noviembre y diciembre estuvo integrado en la 45 División con el objetivo de infiltrar agentes italianos del OSS, entrenados por él mismo, cursando las líneas enemigas para pasar información táctica.

Más tarde, tras volver a pasar por Pozzuoli para organizar una escuela de entrenamiento de paracaidistas, trabajó junto a Goff preparando a miembros del Ejército en tareas de inteligencia y de equipo. Finalmente, regresó a Siena en septiembre de 1944 para coordinar el trabajo de los agentes en misiones de inteligencia y sabotaje.”[56]

Irving Goff, Vicent Lossowsky y varios miembros más del antiguo Batallón Abraham Lincoln de las Brigadas Internacionales que pusieron después su experiencia guerrillera, aprendida en España durante la Guerra Civil, al servicio de los ejércitos aliados en la Segunda Guerra Mundial, serán depurados después en los tiempos de McCarthy por su simpatía hacia los comunistas. El haber combatido en España al servicio de la República se convirtió en un estigma para la administración norteamericana, una mancha en el currículum que había que borrar como de manera subliminal podemos ver en algunos filmes de la época, por ejemplo en “Casablanca”. No obstante, sus enseñanzas sí que fueron aprovechadas, ya que estos hombres adiestraron a muchos compañeros durante la Guerra Mundial y sus conocimientos se incorporaron al bagaje de la Sección de Operaciones Especiales de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), que algún tiempo después se integró en la CIA.

Las guerrillas de Hispanoamérica también recibieron una importante influencia republicana. Aquí el nombre clave es Alberto Bayo, que formó guerrilleros en Guatemala, la República Dominicana, Nicaragua y… ¡Cuba! Alberto Bayo, piloto militar de profesión, participó en la Guerra del Rif contra las fuerzas de Abd el-Krim, donde descubrió la extraordinaria efectividad que puede llegar a alcanzar una guerrilla bien dirigida. En la Guerra Civil mandó una expedición que reconquistó, en agosto de 1936, las islas de Ibiza y Formentera para la República y desembarcó después en la de Mallorca, donde se encontró con fuerzas invasoras italianas y tuvo que retirarse. Después peleó en Brunete e hizo labores de contraespionaje en Francia. Tras la Guerra se exilió en México. Allí contactó con él Fidel Castro. Bayo adiestró al grupo conocido como “Los 82”, que partió el 22 de noviembre de 1955 en la embarcación Granma. Era el comienzo de la Revolución Cubana.[57]

“El Che le consideró “su maestro”. El Che dijo que cuando conoció a Bayo y escuchó sus enseñanzas, comenzó a creer en un triunfo que hasta entonces le había parecido remoto. Hay que darse cuenta de que aquellos tipos, los muchachos que unos meses después embarcaron en el Granma, eran 83 e iban a guerrear contra un ejército regular de 70.000 soldados. Tal era el Ejército cubano al mando de Batista. De modo que la influencia de Bayo sobre El Che debió ser enorme”.[58]

“Murió [en La Habana] el 4 de agosto de 1967 con el grado de general del Ejército cubano”[59]

Como podemos ver los guerrilleros republicanos dejaron un legado impresionante tras de sí que ha transformado el mundo. Su huella la podemos ver hoy en decenas de países de todos los continentes.

 

La guerrilla en la postguerra



Una vez terminada la Guerra, la resistencia armada antifranquista continuó. Los núcleos aislados que habían estado peleando en las montañas de León y de Galicia, así como los focos andaluces, se mantuvieron. Pero, además, aparecieron otros nuevos en los territorios que se habían mantenido leales a la República. Surgiendo de esta manera las guerrillas pirenaicas, catalano-aragonesas, levantinas, y las de las Sub-Meseta Sur.

En la primavera de 1942 se constituyó oficialmente la Federación de Guerrillas de León-Galicia, que empezó a coordinar a todos los grupos que actuaban en esta zona. Su congreso fundacional tuvo lugar en los Montes de Ferradillo, cerca de Ponferrada. Era muy plural desde el punto de vista ideológico, había socialistas, anarquistas, comunistas y personas sin una filiación política definida. Una de las reglas que adoptaron fue la de prohibir hacer proselitismo, para poder mantener el equilibrio interno entre sus diversas facciones. El 1 de abril de 1943 crearon su propio periódico, El Guerrillero, con una tirada de 300 ejemplares. En 1945 se convierte en la IV Agrupación Guerrillera. Sus dirigentes más destacados fueron Manuel Girón, Marcelino de la Parra y Ramón Rodríguez Varela.

Las guerrillas andaluzas reciben el refuerzo, en 1939, de muchos antiguos soldados republicanos. En 1940 organizan la huida masiva de presos en Hinojosa, y en las cárceles de Peñarroya y Azuaga. Hay múltiples partidas: Villanueva, Pozoblanco, Cardeña, Hinojosa, Adamuz, Bujalance, Montoro, Serranía de Ronda, Nerja…

En 1940 se funda la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, en la que la influencia del XIV Cuerpo de Ejército republicano es más que evidente. Está muy bien organizada y se estructuran en diversos sectores (Cuenca, Teruel, Valencia, Castellón, Tarragona). Crea un campamento de capacitación guerrillera en la Muela Mediana (Sierra de Albarracín) y escuelas en las que se enseñaba a muchos guerrilleros a leer y escribir y cultura general. También editaban su propio periódico que se llamaba (adivinen), El Guerrillero. El campamento de Muela Mediana fue asaltado por varios centenares de guardias civiles en diciembre de 1947, aunque los guerrilleros pudieron evacuarlo a tiempo, sufriendo sólo dos bajas en la refriega, y trasladándose después al “Morro del Gorrino”, en Salvacañete (Cuenca).

 

La batalla del Valle de Arán

La expresión “maquis” es francesa. Era el nombre que le dieron en Francia a la Resistencia en las zonas rurales. Ya vimos la importante presencia de españoles en ella. Tras la liberación del Sur de Francia muchos maquis de origen español decidieron volver a su país y continuar aquí la lucha contra el fascismo.

“La operación más espectacular del maquis español es la entrada en España de entre 4.000[60] y 7.000[61] guerrilleros por el Valle de Arán y otras zonas del Pirineo, bien equipados y con armamento pesado, el 19 de octubre de 1944, cuando la Wehrmacht ya había sido desalojada del sur de Francia. Fue denominada Operación Reconquista de España.

La operación Reconquista de España fue planeada por el Estado Mayor de la AGE. Para efectuar la invasión se creó la División 204ª, formada por 12 brigadas. Como responsable militar de la misma se nombró a Vicente López Tovar.

El objetivo de esta ofensiva era la conquista del sector de territorio español comprendido entre los ríos Cinca y Segre y la frontera francesa. Posteriormente se declararía la zona conquistada bajo el gobierno de la República, por entonces en el exilio, para provocar un levantamiento general en toda España contra Franco. Hipotéticamente, ello obligaría a intervenir a los aliados para liberar España al igual que estaban liberando el resto de Europa.

El ataque principal por el valle de Arán se vio complementado por operaciones de distracción en otros valles pirenaicos durante las semanas previas, con objeto de distraer fuerzas enemigas. Además debían evaluar la situación en el interior y contactar con grupos de huidos. Los puntos más importantes de penetración a lo largo de la cadena montañosa fueron Roncesvalles, Roncal, Hecho, Canfranc, Arán, Andorra y Cerdaña, si bien hubo operaciones menores en otros puntos.

Las ofensivas fueron repelidas por un gran número de efectivos que el gobierno de Franco trasladó a la zona, compuesto por guardias civiles, policía armada y batallones del ejército de toda la región militar.

El ejército guerrillero logró conquistar varios pueblos y aldeas, alzando la bandera republicana, llevando a cabo mítines antifranquistas en las plazas y controlando durante días parte de la frontera por donde entraron camiones con material y refuerzos. Sin embargo fracasó en la toma de Viella, principal objetivo de la operación, y finalmente, desbordados por la desventaja numérica y material, comenzaron la retirada. El repliegue concluyó el 28 de octubre, cuando los últimos combatientes rebasaron la frontera, sin haber llegado a ver el esperado levantamiento.”[62]

Los 7.000 maquis que entraron desde Francia, 4.000 de los cuales en el Valle de Arán y los otros 3.000 en las operaciones de distracción que se organizaron por el resto de los Montes Pirineos, se encontraron con unos 40.000 efectivos franquistas:

“A los pocos días de la invasión, las autoridades franquistas reforzaron el Ejército. Se sumaron a las fuerzas de orden público y militares, unos 40.000 soldados al mando de los tenientes generales Monasterio (5ª Región Militar), Moscardó (4ª Región Militar) y Yagüe (6ª Región Militar). El Ejército franquista, superior en hombres y medios, estaba en disposición de acabar con un ejército guerrillero imbuido en el desconcierto”[63]

Los maquis españoles de la Resistencia Francesa tenían como objetivo último, desde 1939, volver a España cuando echaran a los nazis de Francia. Eso era algo público y notorio que no sólo nunca ocultaron sino que, incluso, les llevó a hacer peticiones de ayuda en ese sentido a los gobiernos aliados. Franco estaba perfectamente informado de todo lo que se movía en el sur de Francia, donde tenía multitud de agentes infiltrados. Aunque ignorara los detalles concretos de la ofensiva sobre el Valle de Arán llevaba años preparándose para cuando llegara ese momento. La decisión se tomó en el ámbito político y se ordenó ejecutarla a la persona que todos coincidían que era más idónea para llevarla a cabo, el coronel Vicente López Tovar, que había estado mandando desde Toulouse la XV División de la Agrupación de Guerrilleros Españoles. Sin embargo, no se tuvieron en cuenta las recomendaciones que éste hizo de hacer un despliegue paulatino previo para explorar el territorio.

“Tovar creía que penetrar en España de esa manera era un gran error que supondría la destrucción de los guerrilleros. Tovar no sólo no estaba de acuerdo con la estrategia establecida, también cuestionó las órdenes llegando al punto de dimitir en una reunión que sostuvo con los oficiales de su puesto de mando. Sin embargo, a regañadientes, reconsideró su postura para hacerse cargo de nuevo de la 204 División, responsabilizándose del valle de Arán.”[64]

La masiva concentración de hombres en Toulouse, previa a la invasión, alertó a las autoridades franquistas.

Pese a todo, gracias a la gran experiencia que los maquis habían adquirido en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, la trampa que los franquistas les prepararon en Viella no les cogió por sorpresa. Hostigaron la localidad desde cerca, pero sin llegar a tomar posiciones en ella.

“Tovar no se atrevía a atacar el pueblo hasta que no recibiera noticias de que las Brigadas 15 y 471 habían conseguido sus objetivos: aislar el valle. Por ello, no se debía caer en el error de atacar el pueblo y correr el riesgo de que los propios guerrilleros fueran cercados y masacrados[65].”[66]


El coronel Vicente López Tovar en 1944. Fuente: http://www.buscameenelciclodelavida.com/2015/05/testimonio-de-vicente-lopez-tovar.html

Aunque las operaciones de distracción de los maquis empezaron la noche del 3 al 4 de octubre de 1944 en Roncesvalles (Navarra), y continuaron durante las semanas siguientes en otros puntos de los Pirineos, la entrada en el Valle de Arán tuvo lugar el día 19, tomando la localidad de Bossòst, desde donde se desplegaron por el resto del Valle. Llegaron a ocupar 18 pueblos, todos ellos de forma pacífica. No hubo prácticamente incidentes con la población. Los combates fueron con el ejército de Franco en los alrededores de Viella. Finalmente, ante la evidente desproporción de efectivos entre los dos ejércitos, Tovar dio orden de retirada el 27 de octubre.

“Agustí cifra en un total de 271 muertos el coste de las operaciones pirenaicas, compuestas de este modo: 194 maquis muertos en combate o fusilados posteriormente, 68 miembros de las fuerzas de orden público y 9 vecinos de las comarcas invadidas.[67][68]

 

Consecuencias políticas e históricas de la batalla del Valle de Arán

Es obvio que concentrar 4.000 hombres en un valle de 634 km2, con la orden de conquistar de manera inmediata la capital del mismo no era una estrategia guerrillera. Era más propia de las fuerza de choque de un ejército regular, que tendría sentido si hubiera un sustancioso contingente esperando al otro lado de la frontera preparado para iniciar una invasión en toda regla. Habría tenido sentido si la operación hubiera contado con el visto bueno de las fuerzas aliadas, pero no era así. Aquello fue una decisión voluntarista, puramente política, que se tomó sin contar con las personas que tenían verdadera experiencia militar y que buscaba, de manera bastante ingenua, poner a los aliados ante hechos consumados para obligarlos a intervenir, en un momento en el que estaban empezando a penetrar en territorio alemán.

Es muy significativo que la persona que tenía que ejecutar la orden se negara a hacerlo. Su aceptación final del mandato recibido y su comportamiento ulterior parece indicar que estaba convencido de que sólo él podría evitar una masacre inútil de las fuerzas guerrilleras, como años después casi todos terminaron reconociendo.

Los cinco años y medio transcurridos desde el final de la Guerra Civil hasta la citada invasión no habían pasado en vano. Franco había tenido tiempo sobrado de consolidar sus posiciones defensivas. La brutal represión que la población española había sufrido durante ese tiempo había neutralizado los posibles apoyos que los maquis esperaban. Por otro lado, el gobierno franquista llevaba años esperando una posible invasión aliada (desde el estallido de la Segunda Guerra Mundial) y se había preparado para ello. Aunque al principio la esperaba por el sur, y por ello fortificó a conciencia las costas del Estrecho de Gibraltar, que era el lugar más probable por donde podían haberlo hecho antes del Desembarco de Normandía. Después el peligro mayor se trasladó, obviamente, a la frontera pirenaica. Cinco años preparándose para una invasión en la que, al final, sólo entraron 7.000 hombres, 4.000 de los cuales se concentraron en un valle donde los estaban esperando 40.000 soldados.

La falta de disposición en ese sentido de los gobiernos aliados condenó a los maquis a la impotencia. La batalla del Valle de Arán dejó sentenciado el futuro de las fuerzas guerrilleras en la España de la postguerra.

 

Los últimos años

Algunos maquis franceses volvieron a entrar, de manera dispersa, y pasaron a engrosar los efectivos de las diversas guerrillas que seguían operando por todo el país. En Andalucía, incluso, alcanzaron su máxima actividad entre 1945 y 1949, especialmente en Málaga y Granada, debido a la llegada de exiliados del norte de África.

“Durante 1946 la guerrilla desencadenó una ofensiva en toda España, paralela a la presión diplomática sobre el franquismo, pero finalmente el comienzo de la guerra fría permitirá que el régimen de Franco se consolide.”[69]

“Poco a poco los guerrilleros se fueron quedando solos. En los últimos años se produjeron intentos de pasar a Francia para escapar del cerco. Las detenciones se sucedieron en estos últimos tiempos. Muchos guerrilleros y colaboradores fueron juzgados sumariamente y fusilados o encarcelados. Otros murieron a manos de la guardia civil en aplicación de la Ley de fugas.[70][71]

“A finales de los años 40, el PCE comenzó su replanteamiento de la lucha guerrillera y se sugirieron políticas de penetración en el sindicato vertical con el objetivo de desarrollar en su interior, actividades reivindicativas. Finalmente, se decidió que la guerrilla se reconvirtiera a la vida civil y política.[72][73]

En 1948 la mayor parte de los miembros de la Federación de Guerrillas de León-Galicia decidieron abandonar la lucha:

“…la mayor parte de ellos consiguieron salir al extranjero. El 22 de octubre consiguieron salir en barco desde Luanco a San Juan de Luz una treintena de guerrilleros socialistas leoneses y asturianos. Otros muchos, en grupos de dos o tres, pasaron la frontera francesa a pie desde Bilbao o San Sebastián, mediante guías que cobraban por el servicio. […] El último reducto guerrillero fue la comarca de La Cabrera, que prestó apoyo generalizado al grupo de Manuel Girón Bazán, histórico luchador […] Murió el 2 de mayo de 1951 cerca de Molinaseca (Ponferrada)”[74]

En cuanto a la guerrilla del Levante:

“En 1950, el PCE envió a varios guerrilleros, entre ellos José Gros y Adelino Pérez Salvat "Teo", con la misión de desmantelar la Agrupación y evacuar a los guerrilleros a Francia. Los últimos guerrilleros salieron hacia Francia en 1952 en un grupo comandado por el jefe del 11.º sector, Florián García Velasco "Grande".”[75]

En Andalucía la Guardia Civil detuvo al máximo dirigente de la guerrilla de Málaga y Granada, José Muñoz “Roberto”. Siendo detenidos poco después muchos de sus hombres.

“A principios de la década de los cincuenta, en Andalucía existía solo un núcleo importante de guerrilleros, el de la agrupación de Granada y Málaga aunque se podían encontrar bolsas aisladas sobre todo en la zona del Campo de Gibraltar y zonas colindantes con Málaga. La zona cordobesa estaba totalmente desmantelada considerándose los últimos guerrilleros José Ramos García “Ramitos” muerto en Almodóvar del río en 1951 y José Ortega Aguilar fallecido en Iznájar el mismo año. […el grupo malagueño] en 1952 bajo las órdenes de Manuel Pérez Rubiño “Pablo” continuaron con la guerrilla un grupo de hombres pertenecientes al séptimo batallón granadino. Éstos estuvieron a punto de volver a ser capturados, pero consiguieron huir a la Sierra de Cazorla donde acorralados por la Guardia Civil fueron asesinados en junio del 1952.”[76]

En la década de los cincuenta:

“…algunas partidas continúan en pie de guerra, cada vez más acorralados. El final lo marcan las muertes a balazos del militante de la CNT Quico Sabaté en el 60; Ramón Vila Capdevila Caracremada, en el 63, ambos en Cataluña, y José Castro Veiga “Piloto”, en Galicia en marzo del 65[77]. Hacia 1963 Julio Álvarez del Vayo intentó continuar la actividad de la guerrilla con el Frente Español de Liberación Nacional (FELN), grupo encabezado por él mismo, pero su iniciativa no tuvo éxito”.[78]



[1] LÓPEZ GARCÍA, ALFONSO: Saboteadores y guerrilleros. La pesadilla de Franco en la Guerra Civil. Editorial Planeta. Barcelona. 2019.

[2] Julio Aróstegui: La Guerra Civil, 1936-1939. La ruptura democrática. Historia 16. Temas de Hoy. Madrid. 1996.

[4] Gibson, Ian (1981). El Asesinato de Federico García Lorca. Barcelona: Editorial Bruguera. pp. 109-111.

[5] Ibíd. p. 118.

[6] Thomas, Hugh (1976). Historia de la Guerra Civil Española. Barcelona: Círculo de Lectores. p. 291.

[7] Preston, Paul (2013). El Holocausto Español. Odio y Exterminio en la Guerra Civil y después. Barcelona: Debolsillo.

[9] Ortiz Villalba, Juan (2006). Del golpe militar a la Guerra Civil: Sevilla 1936 (3 edición). RD Editores. pp.136-139.

[10] Ibíd. pp.478-479.

[11] Ibíd. p.145.

[12] Ibíd. pp.183-189.

[13] Ibíd. pp.165-169.

[14] Ibíd. p.164.

[15] Declaraciones del historiador Francisco Espinosa en el episodio El Golpe de la serie «Guerra Civil en Andalucía» (Canal 2 Andalucía)

[16] Ortiz Villalba, Juan. Ibíd. pp.136-139.

[17] Gil Honduvilla, Joaquín (2010). Desde la proclamación de la República al 18 de julio de 1936: el cambio de rumbo político en la II División Orgánica. Universidad de Huelva (tesis doctoral). pp.478-479.

[18] Salas, Nicolás (1992). Sevilla fue la clave: república, alzamiento, Guerra Civil (1931-1939). Castillejo. p.317.

[19] Ortiz Villalba, Juan. Ibíd. pp. 183-189.

[20] Salas, Nicolás. Ibíd. P. 259.

[21] Ortiz Villalba, Juan. Ibíd. Pp. 185-186.

[23] Serrano, Secundino (2001). Maquis. Historia de la guerrilla antifranquista. Madrid: Temas de Hoy. p. 45-47.

[25] Alfonso Domingo: El canto del búho. La vida en el monte de los guerrilleros antifranquistas. Oberon Memoria, Grupo ANAYA, Madrid 2002:

“Frente a unos 6.000 o 7.000 guerrilleros, el número de enlaces fue diez, veinte veces mayor. Según cifras oficiales hubo 20.000 enlaces detenidos. Otros murieron a manos de las fuerzas de la Guardia Civil”

[26] Unidad Cívica por la República «Entrevista a Ambrosio Ortega 'Brosio', “el pintor de los mineros”.» Consultado el 14 de mayo de 2013

[28] Arturo Barea: La forja de un rebelde. La Llama, DeBolsillo, Barcelona, 211, págs.. 249-250.

[29] E. Palma y A. Otero: Gavroche en el parapeto. Trincheras de Madrid. Madrid. 1937. Citado en Saboteadores y Guerrilleros. La pesadilla de Franco en la Guerra Civil.

[30] AGMAV, C. 2499, Cp. 26-8, y SHM, CGG, Leg. 285, C. 26, A. 5, Doc. 7. Citado en Saboteadores y Guerrilleros. La pesadilla de Franco en la Guerra Civil.

[31]  AGMAV, C. 2499, Cp. 26-15/16. Ibíd.

[33] F. González Arroyo: La fábrica de pólvora as y explosivos de Granada. De la Real Hacienda al Instituto Nacional de Industria pasando por Artillería. 1850-1961, tesis doctoral, Universidad de Granada, Granada, 2013. Citado en Saboteadores y Guerrilleros. La pesadilla de Franco en la Guerra Civil.

[34] Alfonso López García: Saboteadores y Guerrilleros. La pesadilla de Franco en la Guerra Civil. Espasa. Editorial Planeta. Barcelona. 2019. p. 280.

[35] Ibíd. P. 50-51.

[37] Alfonso López García: Ibíd. P. 96.

[38] A. Landis: The Abraham Lincoln Brigade. Citadel Press. Nueva York. 1967. P. 167. Y P. Carroll, ob. cit., p. 167.

[39] Alfonso López García: Ibíd. p. 105

[40] Ibíd. p. 106

[41] CDMH, Incorporados, 737, C. 122, Exp. 14-1. Citado en Saboteadores y Guerrilleros. La pesadilla de Franco en la Guerra Civil.

[42] Alfonso López García: Ibíd. p. 112.

[43] Ibíd. p. 128.

[44] Ibíd. p. 130.

[45] Ibíd. p. 187.

[46] Ibíd. p. 90.

[47] Ibíd. p. 108.

[48] Ibíd. p. 136.

[49] Ibíd. p. 163.

[50] Este cuerpo se creó de forma simultánea con el Ejecutivo de Operaciones Especiales (SOE) británico, una unidad operativa guerrillera al margen del MI6. T. Crowdy, SOE Agent. Churchill´s Secret Warriorsi, Osprey Publishing, Oxford, 2006.

[51] Alfonso López García: Ibíd. p. 222.

[52] Ibíd. p. 227.

[53] ALBA, VF. 2, B. 3, F. 63.

[54] Alfonso López García: Ibíd. pp. 202-203.

[55] ALBA, VF. 2, B. 5, F. 75.

[56] Alfonso López García: Ibíd. pp. 210-211.

[57] Ibíd. pp. 228 a 230.

[60] Raymond Carr: España 1808-1975. Ariel Historia, Barcelona, 2003. Y Alfonso Domingo: El canto del búho. La vida en el monte de los guerrilleros antifranquistas. Oberon Memoria, Grupo ANAYA, Madrid 2002.

[61] Secundino Serrano: Maquis. Historia de la guerrilla antifranquista. Editorial Temas de Hoy, Madrid, 2001.

[63] García Ramírez, Isaac Francisco: “El maquis. Guerrilla Antifranquista”, en Publicaciones Didácticas, nº 90. p. 459. www.publicacionesdidacticas.com

[64] Ibíd. p. 457.

[65] Martínez de Baños Carrillo, F.: El maquis, una cultura del exilio español, Delsan, Zaragoza, 2007.

[66] García Ramírez, Isaac Francisco. Ibíd. p. 458.

[67] Serrano, S.: Maquis, historia de la guerrilla antifranquista, Temas de Hoy, Madrid, 2001.

[68] García Ramírez, Isaac Francisco. Ibíd. p. 461.

[70] Dolors Marin Silvestre: Clandestinos. El maquis contra el franquismo. Editorial Plaza & Janés.Barcelona, 2002. ISBN 84-01-53053-9:

“Las contrapartidas de la Guardia Civil empiezan a vaciar las zonas (...) La actuación obedece a la represión ejercida contra los enemigos políticos de su época por el aparato represor del franquismo. No se para en la detención de hombres, mujeres o niños: se les tortura o se les aplica la Ley de Fugas indiscriminadamente. Los cadáveres de las víctimas aparecen tirados en márgenes de caminos o en las puertas de los cementerios.”

[72] Fernández Pancorbo, P.: El maquis al norte del Ebro, Diputación General de Aragón, Zaragoza, 1988.

[73] García Ramírez, Isaac Francisco. Ibíd. p. 462.

[76] José Miguel Giménez Yeste: Breve historia de la guerrilla antifranquista en Andalucía https://dialnet.unirioja.es

[77] Alfonso Domingo: El canto del búho. La vida en el monte de los guerrilleros antifranquistas. OberonMemoria, Grupo ANAYA, Madrid 2002. ISBN 84-96052-03-6

“El último guerrillero abatido en España fue José Castro Veiga El Piloto que cayó, sin haber abandonado las armas, en la provincia de Lugo (Galicia), en marzo de 1965.”

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