domingo, 1 de agosto de 2021

Tiempo de silencio

 

“Me llamarán, nos llamarán a todos.

Tú, y tú, y yo nos turnaremos,

en tornos de cristal ante la muerte.

Y te expondrán, nos expondremos todos

a ser trizados… ¡zas! por una bala.”

Blas de Otero (Me llamarán)

 

“Siento esta noche heridas de muerte las palabras”

Rafael Alberti (Nocturno)

 

Y llegó el silencio… el de la derrota… el de los cementerios… el silencio forzado por una represión omnipresente que alcanzaba a cada rincón de nuestro país… que empapó de miedo hasta lo más profundo del alma de los supervivientes.

Los que tenían hijos se mordían la lengua ante ellos para que a éstos no se les escapara alguna palabra, alguna frase, que permitiera a los represores encarcelar a alguien que todavía no lo estuviera. Aprendieron a vivir ocultando quienes habían sido, y teniendo que escuchar a sus propios hijos repetir en casa las consignas políticas de sus enemigos… Había que seguir viviendo


Presos del Penal de Ocaña en la Postguerra. Fuente: Repositorio UNED

 

Fueron años terribles, indescriptibles:

Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre

se escucha que transita solamente la rabia,

que en los tuétanos tiembla despabilado el odio

y en las médulas arde continua la venganza,

las palabras entonces no sirven: son palabras.

 

Balas. Balas.

 

Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,

humaredas perdidas, neblinas estampadas.

¡qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,

qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!

 

Balas. Balas.

 

Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,

lo desgraciado y muerto que tiene una garganta

cuando desde el abismo de su idioma quisiera

gritar lo que no puede por imposible, y calla.

 

Balas. Balas.

 

Siento esta noche heridas de muerte las palabras.

Rafael Alberti (Nocturno)

 

Tú no puedes volver atrás

porque la vida ya te empuja

como un aullido interminable.

Te sentirás acorralada

te sentirás perdida o sola

tal vez querrás no haber nacido.

 

Yo sé muy bien que te dirán

que la vida no tiene objeto,

que es un asunto desgraciado.

 

Entonces siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.

 

La vida es bella, ya verás

como a pesar de los pesares

tendrás amigos, tendrás amor.

 

Un hombre solo, una mujer

así tomados, de uno en uno

son como polvo, no son nada.

 

Pero yo cuando te hablo a ti,

cuando te escribo estas palabras,

pienso también en otros hombres.

 

Tu destino está en los demás,

tu futuro es tu propia vida,

tu dignidad es la de todos.

 

Otros esperan que resistas

que les ayude tu alegría

tu canción entre sus canciones.

 

Entonces siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.

 

Nunca te entregues ni te apartes

junto al camino, nunca digas

no puedo más y aquí me quedo.

 

La vida es bella, tú verás

como a pesar de los pesares,

tendrás amor, tendrás amigos.

 

Por lo demás no hay elección

y este mundo tal como es

será todo tu patrimonio.

 

Perdóname no sé decirte

nada más pero tú comprende

que yo aún estoy en el camino.

 

Y siempre siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.

José Agustín Goytisolo (Palabras para Julia)

 

…ellos, los vencedores

Caínes sempiternos,

de todo me arrancaron.

Me dejan el destierro.

 

Una mano divina

tu tierra alzó en mi cuerpo

y allí la voz dispuso

que hablase tu silencio.

 

Contigo solo estaba,

en ti sola creyendo;

pensar tu nombre ahora

envenena mis sueños.

 

Amargos son los días

de la vida, viviendo

sólo una larga espera

a fuerza de recuerdos.

 

Un día, tú ya libre

de la mentira de ellos,

me buscarás. Entonces

¿qué ha de decir un muerto?

Luis Cernuda (Un español habla de su tierra)

 

Los campos de concentración

“Los campos de concentración fueron sólo una parte de ese gran campo de concentración llamado España”

Carlos Hernández de Miguel[1]

 

“La nación entera, a medida que fue siendo conquistado su territorio por las tropas rebeldes, se fue convirtiendo en un gigantesco recinto concentracionario. Un recinto en el que, inicialmente, todos sus internos eran culpables. Quienes habían tenido vinculaciones de cualquier tipo con la legalidad republicana, así como los prisioneros de guerra que llegaban a millares desde el frente de batalla, fueron repartidos en penales, prisiones habilitadas, cárceles, calabozos, centros provisionales de reclusión y unos lugares que fueron llamados oficialmente «campos de concentración». En paralelo, las autoridades franquistas crearon un sofisticado sistema para explotar laboralmente a sus cautivos en todo tipo de trabajos forzados de los que se beneficiarían económicamente el propio régimen y numerosas empresas privadas.”[2]

Estas citas nos pueden ayudar a situarnos en lo que llegó a ser la España “nacional” tanto en la Guerra Civil como en la primera postguerra. Carlos Hernández de Miguel, en su libro Los campos de concentración de Franco enumera, uno por uno, 296 campos de concentración… ¡oficiales!… repartidos por toda España, por los que calcula que pasaron entre 700.000 y un millón de personas… en un país de 25 millones de habitantes, y en los que murieron decenas de miles de españoles.

Pero esto sólo era la punta del iceberg. A los campos hay que sumarles los 34 “hospitales” de prisioneros, los 17 campos de concentración para extranjeros, los centenares de “batallones de trabajadores”, las cárceles y los que tuvieron que hacer la “mili de Franco”, un segundo servicio militar por el que tuvieron que pasar los soldados republicanos después de haberse rendido y sufrido las condenas que el Régimen tuvo a bien imponerles. Ese segundo servicio militar lo hicieron en batallones de castigo, indistinguibles en la práctica de los “batallones de trabajadores”.


Plano general del Campo de concentración de Miranda de Ebro. Fuente: Wikipedia

En realidad, las diferencias entre cárceles, campos de concentración, batallones de trabajadores, o servicio militar en batallones de castigo eran más teóricas que reales. ¡Todos eran esclavos!, ¡esclavos del estado!

“El volumen de prisioneros ha obligado a crear campos de concentración en todos los pueblos de la España Nacional.”

Coronel MARTÍN PINILLOS, jefe de la Inspección de Campos de Concentración. [3]

“Crearemos campos de concentración para vagos y maleantes políticos; para masones y judíos; para los enemigos de la Patria, el Pan y la Justicia. En territorio nacional no puede quedar ni un judío, ni un masón, ni un rojo.”

Portada del diario Águilas, editado por la Falange. 27 de mayo de 1937. [4]

“De la noche a la mañana numerosos recintos pasaron a depender de la Dirección General de Prisiones o de otras instituciones. En algunos de ellos se evacuó a quienes no habían sido juzgados y sólo permanecieron los internos que cumplían condena. En otros establecimientos, por el contrario, sólo se procedió al cambio de denominación oficial. En el campo de concentración habilitado en el manicomio de Alcalá de Henares, por ejemplo, se mantuvo todo exactamente igual cuando pasó a ser considerado oficialmente como prisión: jefe/director, guardianes y prisioneros. Lo mismo ocurrió en los campos cuyos internos realizaban trabajos forzados. Las obras tenían que continuar por lo que el régimen se limitó a variar el estatus de los recintos. En Baleares los prisioneros que construían carreteras por toda la isla dejaron oficialmente de estar ingresados en un campo de concentración y pasaron a pertenecer a «unidades de trabajadores». El caso quizá más revelador es el del aeropuerto de Lavacolla, en Santiago de Compostela. Allí existía, al menos desde marzo de 1939, un campo del que, cada día, salían los prisioneros de guerra para realizar los trabajos de mejora y ampliación del aeródromo. El 15 de noviembre de ese año los internos se acostaron como prisioneros de ese campo y se levantaron el día 16 como miembros del Batallón de Trabajadores número 90. Los cautivos de Lavacolla no notaron el cambio: siguieron durante tres años en las mismas naves destartaladas, con los mismos guardianes, realizando el mismo trabajo y sufriendo idénticos malos tratos.[5]

¡Un país esclavo! Eso era la España de la postguerra. Esa fue la obra del fascismo en nuestro país, que es absolutamente congruente con lo que en ese mismo momento histórico estaba haciendo en el resto de Europa.

 

Un millón de historias

Estas son algunas historias de otros tantos prisioneros de toda esta maraña represiva que azotó a nuestro país durante el primer franquismo:

“Joan Guari era un soldado republicano más. Tras ser capturado a finales de enero de 1939, tras la caída de Cataluña, este fue su periplo como cautivo de Franco:[6]

·         Depósito de prisioneros de Calaf (Barcelona). 22 de enero de 1939.

·         Campo de concentración de Cervera. 23 de enero de 1939.

·         Campo de concentración de Miranda de Ebro. 26 de julio de 1939.

·         Batallón de Trabajadores nº 134 destinado a la reconstrucción de un puente en Panes (Asturias). 2 de agosto de 1939.

·         Batallón de Trabajadores nº 134 destinado a la reconstrucción de un puente en Ribadesella (Asturias). Octubre de 1939.

·         Batallón de Trabajadores en Arizcun (Navarra) destinado a la construcción de fortificaciones. 11 de diciembre de 1939.

·         Liberación. Junio de 1940.

·         Reclamado para hacer la «mili de Franco».

·         Campo de concentración de Reus (Tarragona). 7 de diciembre de 1940.

·         Campo de concentración Miguel de Unamuno (Madrid). 12 de diciembre de 1940.

·         Batallón Disciplinarios de Soldados Trabajadores nº 32. Estuvo desplegado en varias localidades del norte de África (Benzú, Tetuán, Collado de Afernun…) construyendo carreteras y fortificaciones. Enero de 1941

·         Liberado el 16 de agosto de 1943.

Andrés Iniesta López. No era combatiente. Fue detenido por ser hijo de republicano, aunque acabaron instruyéndole una causa y condenándole a una larga pena de prisión.[7]

·         5 de abril de 1939. A los 17 años es detenido en su pueblo, Uclés, y encerrado en el monasterio de la localidad que había sido habilitado como campo de concentración.

·         6 de abril de 1939. Campo de concentración de Tarancón.

·         8 de enero de 1940. Trasladado al monasterio de Uclés que ya había sido convertido en prisión.

·         14 de diciembre de 1940. Consejo de guerra. Condenado a 30 años que empieza cumplir en Uclés.

·         27 de enero de 1943. Trasladado al penal de Ocaña.

·         15 de diciembre de 1943. Su Padre, Pío, es fusilado en el mismo penal de Ocaña.

·         13 de marzo de 1944. Enviado al destacamento penal que construye la carretera del Valle de los Caídos.

·         25 de julio de 1944. Puesto en libertad.

·         Agosto de 1944. Reclamado para hacer la «mili de Franco».

·         16 de agosto de 1944 destinado al 97 BDST(p) que trabaja en el Protectorado de Marruecos construyendo diversas infraestructuras.

·         20 de marzo de 1947. Licenciado.

·         1947-1958. Libertad Vigilada. Durante el primer mes tiene que presentarse a diario ante la policía de su pueblo. Pasado ese tiempo, debe hacerlo el día 14 de cada mes. En ocasiones, cuando alguna autoridad visita la zona, es arrestado preventivamente durante unos días.

·         11 de junio de 1958. Obtiene la libertad definitiva diecinueve años después de su detención.”[8]

Observen que Andrés Iniesta fue detenido siendo menor de edad y después de terminada la Guerra, en la que no había combatido. Su delito: ser hijo de republicano (que había sido fusilado), en una zona que se mantuvo leal a la República hasta la primavera de 1939.

“En la Escollera, el historiador Enrique Barrera habló con supervivientes que le mostraron la perplejidad que experimentaron cuando los militares detenían a personas a las que, poco antes, habían mencionado en la intimidad del confesionario.

Este tipo de comportamientos molestaron de una forma particular a los prisioneros que era profundamente creyentes.”

“El Batallón de Trabajadores nº 75, creado ad hoc para integrar a los brigadistas internacionales que se encontraban en el recién clausurado campo de San Pedro de Cardeña. Su destino fueron las ruinas de Belchite, en cuya reconstrucción trabajaron durante cerca de dos años. En el mes de julio toda la prensa del Movimiento informaba de la visita que un grupo de peregrinos había hecho a esa localidad: «Visitando el campo de concentración de prisioneros y los nuevos terrenos donde se construirá la ciudad de Belchite»[9]. Alojados en precarios barracones y realizando jornadas de trabajo de más de diez horas, muy pronto se vieron acompañados por prisioneros españoles. Junto a los cerca de 500 internacionales, trabajaban en febrero de 1940 otros 300 republicanos. Ese mes se envió un nuevo contingente de cerca de 1.000 hombres, por lo que Belchite se convirtió en un gran «campo de penados» que perduraría hasta 1942. Los internacionales serían trasladados a Palencia en junio de 1941 para trabajar en la construcción de un polvorín subterráneo. Integrados en el batallón nº 27, sufrieron una epidemia de tifus exantemático que acabó con la vida de diecinueve prisioneros[10]. A finales de año y comienzos del siguiente serían enviados a Miranda de Ebro, donde les esperaban miles de europeos que habían huido de la Europa ocupada por los nazis.

Más relevante siguió siendo el papel jugado por el campo abierto en el verano de 1937 en la playa de Arnao, en la parroquia de Figueras del actual término municipal de Castropol. Hasta la finalización de la guerra había acogido a prisioneros que iban cayendo en las sucesivas ofensivas desencadenadas por las tropas franquistas. Sin embargo, en octubre de 1939 ya aparecía en los documentos oficiales con una denominación que lo distinguía de los demás: «Campo de concentración de presos gubernativos». El 17 de noviembre, Pinillos firmó un escrito en el que informaba de que el recinto había sido clausurado «por esta Inspección y habilitado por las Autoridades Militares para prisión de individuos detenidos por la Columna de Operaciones de Asturias». Lo cierto es que el lugar llevaba ya meses siendo una pieza clave en la lucha contra el maquis; la guerrilla antifranquista que seguía combatiendo en los montes leoneses, gallegos y asturianos.

La mayoría de los prisioneros del campo de Arnao no eran combatientes, sino esposas, madres, hermanos e hijas de los guerrilleros. Entre los cautivos había incluso niños. El 16 de octubre de 1939, la segunda sección del Estado Mayor de la Columna de Operaciones de Asturias elaboró un listado titulado: «Deportados al campo de concentración de Figueras, hasta hoy, día de la fecha». En el documento había 241 nombres de los que la mayoría, 135, eran mujeres. Las acusaciones que constaban como motivo de su ingreso eran variadas: «encubridora de huidos», «suministraba a los huidos», «enlace y cómplice de los huidos»… También se imputaban otros «delitos» de diferente naturaleza: «Desafecta y propagandista», «manifestaciones antipatrióticas», «por su actuación durante el Movimiento» o «propagandista contra el régimen». Sin embargo, casi la mitad de los prisioneros del campo lo eran por un motivo mucho más simple: «Familiar de los huidos». […] José Manuel Castiello sólo tenía once años cuando ingresó junto a su hermana Pilar. Allí pasaron algo más de doce meses por ser hermanos de dos conocidos guerrilleros.”[11]

 

¡No pasarán!

El pueblo español, cometió el horrible crimen de resistir el avance del fascismo internacional durante tres años con las armas en la mano y de transmitir al mundo aquella famosa consigna que sacudió las conciencias: ¡No pasarán!, que alentaba al resto de pueblos hermanos a resistir…

Pero pasaron… Con la ayuda de la Legión Cóndor alemana y sus terribles bombardeos sobre las poblaciones civiles, con la del Corpo di Truppe Volontarie italiano, que conocieron bastante bien las poblaciones de Mallorca, de Alicante, del País Vasco o de Cantabria; de los “viriatos” portugueses y de la Legión irlandesa de San Patricio. Los alemanes y los italianos eran soldados regulares, enviados por sus respectivos gobiernos a la vista de todos, como pudieron comprobar sobre el terreno los periodistas de todo el mundo.

¿Y qué hicieron los defensores oficiales del “mundo libre”? ¡Nada! no movieron un solo dedo para defender la Democracia en España… ni antes, ni durante, ni después de la Segunda Guerra Mundial. De nada sirvieron los tratados, los acuerdos internacionales, las altisonantes declaraciones de “no intervención”… Dejaron avanzar al fascismo… sin coste político alguno… durante tres años. Y no sólo se negaron a ayudar sino que, además, decretaron un bloqueo de armas a la República Española. Ni siquiera pagando se les permitió armarse.

 

Las consecuencias históricas… ¡mundiales! de la derrota militar de la República Española

Alimentaron a la bestia con su pasividad… ¡Y lo pagaron caro! Lo pagaron los pueblos de toda Europa en términos de destrucción y de muerte. Lo pagaron con su propia sangre, con la pérdida de sus libertades duramente conseguidas a fuerza de lucha; lo pagaron los soldados norteamericanos que cayeron en Europa y en el Pacífico, las poblaciones de Hiroshima y de Nagasaki…

El Reino Unido y Francia reconocieron al gobierno de Franco, simultáneamente, el 27 de febrero de 1939, mientras los demócratas españoles seguían defendiendo Madrid fusil en mano, dirigidos sobre el terreno por el mismísimo Juan Negrín, el presidente de Gobierno electo. El efecto moral sobre los defensores fue demoledor. Azaña dimitió, como Presidente de la República, al día siguiente, y 6 días después tuvo lugar el golpe de estado del coronel Casado. El mensaje era muy claro: los “demócratas” europeos se habían plegado ante el fascismo… ¡seis meses antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial! ¿Habría estallado ésta si los “demócratas” se hubieran negado a aceptar la política de hechos consumados que los fascistas habían ido imponiendo desde 1936? Todo el mundo sabía que durante la Guerra Civil los “nacionales” habían mantenido una embajada oficiosa en Londres, dirigida por Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, Duque de Alba, y que había otra británica equivalente, en la ciudad de Salamanca, dirigida por Robert Hodgson

…“lo que, sin implicar un reconocimiento diplomático, permitió institucionalizar las relaciones”[12]

El Duque de Alba fue reconocido como embajador oficial de España en el Reino Unido el 8 de marzo de 1939.

El gobierno francés, una vez reconocido el gobierno de Franco, nombró inmediatamente embajador en España… al mismísimo Mariscal Pétain, el héroe de Verdún, el futuro presidente de la Francia de Vichy.

¿Y qué hicieron los norteamericanos? pues esperaron a reconocer a Franco hasta el 1 de Abril de 1939Sí. Ha leído bien. Lo hicieron coincidir con el Día de la Victoria de Franco. ¿Recuerda el famoso mensaje radiofónico?

"En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado"

Todo un símbolo ¿Verdad? ¿Cómo debemos interpretar todas estas decisiones sino como un respaldo implícito al fascismo?

Sólo la Unión Soviética y, en mucha menor medida México, vendieron armas a la República durante esos tres años, mientras que Hitler y Mussolini respaldaban con hombres y con armamento a sus protegidos.

Stalin extrajo de estos hechos sus propias conclusiones y firmó poco después el Pacto germano-soviético. Imagino que pensaría “Si temen más a una revolución hipotética que al fascismo realmente existente, dejemos que se enfrenten con él” ¿no?

Y, tras sacrificar la democracia en España y en Checoslovaquia, tras haber permitido a los alemanes anexionarse Austria, los “demócratas” del mundo, decidieron que el enésimo reparto de Polonia entre germanos y soviéticos no se podía permitir, que eso sí ponía en peligro las democracias occidentales. ¿Qué había cambiado? Pues que los soviéticos habían decidido cambiar de táctica y quitarse de la línea del frente. Entonces los “demócratas” descubrieron que se habían quedado solos ante la bestia que habían estado alimentando durante tres largos años… muy largos, desde luego, para los que habían sido abandonados a su suerte en la línea del frente, para los que habían visto cómo experimentaban sobre sus cabezas bombardeando sus ciudades más importantes, para los que habían visto a alemanes, italianos y soviéticos probar en su propia casa sus prototipos de tanques, de aviones, de cañones… estudiar la efectividad de las nuevas tácticas de combate… y de propaganda política, que luego pondrían en práctica en el resto de Europa a partir de 1939.

Pero también hubo grandes ejemplos de dignidad y de compromiso con la causa de la Democracia. Los que derrocharon los miles de combatientes de las Brigadas Internacionales, que intentaron suplir a fuerza de voluntarismo lo que sus gobiernos no estaban haciendo. Muchos lo pagaron con su vida. Otros acabaron en los campos de concentración de la España de Franco, de la Francia de Vichy o de la Alemania nazi. Los norteamericanos que sobrevivieron y volvieron a su país se tuvieron después que enfrentar a la “caza de brujas” de McCarthy… Ese fue el precio que tuvieron que pagar los defensores de la libertad.

Pero el asunto no quedó ahí. El gobierno de Franco, pese a su evidente filiación fascista y al envío de la División Azul a combatir junto a los alemanes en el frente soviético, mantuvo durante toda la Segunda Guerra Mundial su estatuto de neutralidad y contó con embajadas de los países aliados en su suelo durante todo el tiempo que duró. Y una vez acabada ésta se fue reincorporando poco a poco, pese a ser declaradamente un país totalitario, a las instituciones internacionales del “mundo libre”. En 1953 tuvo lugar la firma del acuerdo hispano-norteamericano, en 1955 sería admitida en la ONU, en 1958 en el FMI y en el Banco Mundial, y en 1959 será visitado por el presidente norteamericano Eisenhower, que sacó al Régimen de Franco de la lista de parias internacionales. No fue necesario que organizara elecciones ni que legalizara partidos políticos.

 

Defender la “Democracia”… sacrificando a los demócratas

Los decenas de miles de republicanos españoles que combatieron en las fuerzas aliadas y en las de la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial estaban convencidos de que una vez derrotado el fascismo en los campos de batalla del resto del continente irían a por el residuo fascista español, que había estado haciendo cambios estéticos conforme ésta avanzaba para intentar pasar desapercibido en la nueva Europa de la postguerra. Pero no fue así. En la Conferencia de Postdam (19 de julio de 1945) Churchill defendió lo siguiente:

“Yo estoy en contra de usar la fuerza. En contra de interferir en los países que tienen diferentes regímenes que el nuestro, a menos que seamos molestados por ellos. Por lo que toca a los países que han sido liberados en el curso de la guerra, no podemos permitir que se establezca en ellos un régimen fascista, pero aquí tenemos un país [España] que no tomó parte en la guerra. Por eso es por lo que soy contrario a interferir en sus asuntos internos. El gobierno de Su Majestad [el gobierno británico] necesitará debatir muy detenidamente esta cuestión antes de decidir romper relaciones con España. […] Nosotros tenemos antiguas relaciones comerciales con España. Si nuestra intervención no diera los frutos deseados, yo no querría que este comercio se detuviera.”[13]

Dijo que España “no tomó parte en la guerra”. Obviamente estaba ignorando, de forma interesada, la presencia de 45.000 militares españoles combatiendo en el frente soviético mientras que éste duró (la División Azul, conocida por los alemanes como la “250 Infanterie-Division”), dirigida nada menos que por Agustín Muñoz Grandes, que fue condecorado por el propio Adolfo Hitler y que, antes de la Segunda Guerra Mundial, había sido Ministro-Secretario General de FET y de las JONS (1939-1940), es decir, el Secretario General del partido fascista español, y después de ésta será nombrado, sucesivamente, Capitán General de la Región Militar de Madrid (1945), Ministro del Ejército (1951), Jefe del Alto Estado Mayor (1958) y Vicepresidente del Gobierno (1962). Muñoz Grandes era el Ministro del Ejército cuando se firmaron los Pactos de Madrid con los Estados Unidos en 1953, que permitieron a los norteamericanos establecer en España cuatro bases militares.


Agustín Muñoz Grandes con el uniforme del ejército alemán. Fuente: Wikipedia.

En la nueva etapa política que se abrió en 1945 el anticomunismo del Régimen pesó mucho más que el mantenimiento de las estructuras políticas totalitarias propias de los fascismos europeos del periodo de entreguerras. Las fuerzas de la resistencia armada española, los maquis, muchos de los cuales habían combatido por la liberación de África del Norte y de Francia, como ya vimos, fueron abandonados… de nuevo y sacrificados, otra vez, por los “demócratas” victoriosos de la postguerra. Una dolorosa lección que los demócratas españoles, espero, tarden en olvidar.

 

El “Nuevo Estado totalitario”

“Mientras se realicen los trabajos encaminados a la organización definitiva del Nuevo Estado totalitario, se irá dando realidad a los anhelos nacionales de que participen en los organismos y servicios del Estado los componentes de Falange Española Tradicionalista y de las JONS para que les impriman ritmo nuevo.”

Boletín Oficial del Estado del 20 de abril de 1937. Decreto nº 255. Página 1.033.

El Régimen de Franco, cómo podemos leer, no ocultó su carácter fascista ni siquiera en los documentos oficiales. Ya desde el principio comenzará a hacer una sistemática labor represiva contra la población que subvirtió, por completo, los más elementales principios jurídicos:

“Los sublevados se apoyaron primero en el Bando de Guerra y después en la llamada «justicia al revés», una serie de leyes que convirtieron en «rebeldes» a quienes habían respetado la legalidad constitucional vigente y en «gentes de orden» a quienes la habían desobedecido. Esta legislación permitió ejecutar, encarcelar, someter a trabajos forzados, desposeer de sus bienes y despedir de sus trabajos a cualquier persona acusada de no haberse sumado a la sublevación.

Una vez realizada esta pirueta que convirtió a los sublevados en jueces y a los cumplidores de la ley en delincuentes, ya todo era posible, los generales golpistas negaron a los miembros del Ejército enemigo la consideración de verdaderos combatientes […] Los republicanos no tenían soldados, sino «forajidos»; no contaban con unas fuerzas armadas, sino con una «horda de delincuentes». Esta estrategia conllevó, por tanto, el incumplimiento sistemático del Convenio de Ginebra.”[14]

Es de resaltar que el término «justicia al revés» fue acuñado por Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco, que fue ministro de la Gobernación y de Asuntos Exteriores. Los dirigentes franquistas eran fanáticos, pero sabían perfectamente lo que estaban haciendo.

“El régimen, de hecho, también siguió completando el tramposo entramado legislativo con el que le había dado la vuelta a la realidad. La «justicia al revés» se vio reforzada el 23 de septiembre de 1939 con una ley de autoamnistía. En ella se perdonaban todos los delitos, incluidos los asesinatos, cometidos durante el periodo republicano «por personas respecto de las que conste de modo cierto su ideología coincidente con el Movimiento Nacional y siempre de aquellos hechos que por su motivación político-social pudieran estimarse como protesta contra el sentido antipatriótico de las Organizaciones y Gobierno que con su conducta justificaron el Alzamiento». Haber violado la legislación vigente entre 1931 y 1936 quedaba no sólo justificado y amnistiado, sino que los criminales del ayer pasaban a ser «acreedores a la gratitud de sus conciudadanos» porque «lejos de todo propósito delictivo, obedecieron a impulso del más fervoroso patriotismo y en defensa de los ideales que provocaron el glorioso Alzamiento contra el Frente Popular»[15].

La represión se volvió omnipresente. El número de fusilados por el Régimen es imposible de determinar, dado que buena parte de los mismos nunca fueron registrados. Hay miles de testimonios en este sentido:

“Yo debía de tener cerca de 30 años, si no más, cuando me enteré de que mi abuelo materno había sido asesinado por los franquistas en septiembre de 1936. Su delito fue militar en la UGT y su desgracia, vivir en una localidad de Soria que cayó rápidamente en manos de los militares sublevados. Allí no hubo guerra, como en prácticamente la mitad de España. No hubo ni una sola víctima de derechas. Tan sólo un rápido golpe de Estado que convirtió a los demócratas republicanos, de la noche a la mañana, en criminales que debían ser exterminados. A mi abuelo Pío lo fue a buscar un grupo de civiles y de guardias civiles que iniciaron su cacería justo después de salir de misa. Lo sacaron de su casa, delante de su esposa y de sus cuatro hijos, de entre uno y siete años de edad, y lo subieron a un camión. Pasó 24 horas en la cárcel del pueblo. Cuando mi abuela fue a llevarle comida y algo de ropa, los vigilantes le dijeron que ya no necesitaba nada de aquello. Le entregaron su reloj, todo un detalle, y la mandaron a su casa. Ni siquiera se molestaron en realizar un juicio farsa, de esos que se multiplicaron en los años siguientes. No existe un papel, un registro, una mínima huella documental de su secuestro y asesinato. Si el conductor del camión que le llevó hasta el lugar de su fusilamiento no mintió, años después en la confesión que le realizó a uno de mis tíos, hoy el cuerpo de mi abuelo sigue enterrado en una zona de pinos y robles situada entre las localidades de Lubia y Almazán.[16]

La vida de mi madre estuvo siempre marcada por ese crimen. Ella y sus tres hermanos tuvieron que crecer en la modesta vivienda que su padre dejó a medio acabar. Perdieron el pequeño terreno colindante que pasó a manos de uno de los fieles defensores de aquella «Nueva España». Cada anochecer, atrancaban la puerta porque los soldados italianos y españoles merodeaban por la zona con la esperanza de poder violar a una «roja». Por el día, mientras se dirigían a clase, tenían que ignorar los insultos y las amenazas de muerte que les lanzaban los vecinos más «patriotas». […] Sobrevivió a la dictadura acostumbrándose a callar en público, a no levantar la voz, a no contestar… y más adelante siguió actuando igual ante unos hijos que podían acabar repitiendo parte de lo escuchado en el lugar más inoportuno y peligroso.”[17]

 

El último prisionero de guerra

“Sólo habremos muerto si vosotros nos olvidáis.”

Inscripción en el monolito de los Pozos de Caudé en memoria de los demócratas fusilados durante la guerra y la dictadura.[18]

“El último prisionero de guerra, capturado en 1939, salió de la cárcel en 1962. Su nombre era Fernando Macarro, aunque en ese momento ya era más conocido por el pseudónimo con el que firmaba sus emotivas poesías: Marcos Ana. A pesar de haber pasado por los campos de concentración de Los Almendros y de Albatera… A pesar de haber permanecido veintitrés años en los presidios franquistas… siempre se sintió un privilegiado porque, él mejor que nadie, era consciente de que miles de sus compañeros y compañeras republicanos sólo pudieron abandonar la cárcel o el campo dentro de una caja, en un camión repleto de muertos o escoltados por la comitiva que les conducía al paredón o hacia un simple descampado en el que se había excavado una profunda zanja. Mientras se encontraba al borde de la muerte y la desmoralización en una sucia celda del penal de Ocaña, el poeta se hizo un juramento: si lograba salir alguna vez de allí, su casa siempre tendría las puertas abiertas. No sólo cumplió esa promesa sino que la plasmó en unos bellos versos que recitaba a cualquier persona que se acercara hasta su piso de la madrileña calle Narváez. Su voz se convirtió en la de todos los prisioneros, en la de todas las presas, en la de todas las víctimas de la dictadura franquista. Su canto no rezumaba rencor ni exigía venganza. Sus poesías sólo trasmitían optimismo, esperanza y amor a la verdad, a la justicia y sobre todo, a la libertad.

 

Mi casa y mi corazón (sueño de libertad)

 

Si salgo un día a la vida

mi casa no tendrá llaves:

siempre abierta, como el mar,

el sol y el aire.

 

Que entren la noche y el día,

y la lluvia azul, la tarde,

el rojo pan de la aurora;

la luna, mi dulce amante.

 

Que la amistad no detenga

sus pasos en mis umbrales,

ni la golondrina el vuelo,

ni el amor sus labios. Nadie.

 

Mi casa y mi corazón

nunca cerrados: que pasen

los pájaros, los amigos,

el sol y el aire[19].[20]

 

Epílogo

No podemos huir de la historia. Este es el sustrato que se oculta debajo de ese intenso deseo de pasar página y de olvidar el pasado del que ha hecho gala la España del Régimen del 78. Estas historias manchan el discurso triunfalista de unos vencedores que, 40 años después, se convirtieron en “demócratas” y, tras decretar una Ley de Amnistía para todos los crímenes cometidos durante la Guerra Civil y la Dictadura (una Ley de Punto Final), pactaron con las fuerzas de la izquierda una nueva constitución “democrática” que se olvidó de las víctimas de la represión y de los patriotas que habían muerto defendiendo a su país y a esa democracia que, supuestamente, redescubrimos en 1978. Democracia a cambio de olvido. Ese era el chantaje que se escondía detrás del Referéndum Constitucional del 6 de diciembre de 1978.



[1] Carlos Hernández de Miguel: Los campos de concentración de Franco. Penguin Ramdom House Grupo Editorial. Barcelona. 2019.

[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

[5] Ibíd.

[6] Guari i Serres, Joan: Memóries d´en Joan 1938-1943. Autoedición. Cortesía de su nieto Raimond Serres.

[7] Iniesta López, Andrés: El niño de la prisión. Siddarth Mehta Ediciones. 2008.

[8] Hernández de Miguel, Carlos: Ibíd.

[9] El Pueblo Gallego y otros diarios del Movimiento. 2 de julio de 1939.

[10] Fernández López, José Ángel: Historia del campo de concentración de Miranda de Ebro. 1937-1947. Autoedición. 2003.

[11] Hernández de Miguel, Carlos: Ibíd.

[12] Juan Avilés Farré: “Un Alba en Londres: La misión diplomática del XVII duque (1937-1945)”. Historia Contemporánea, nº 15. Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea. Servicio de Publicaciones. 1996.

[14] Carlos Hernández de Miguel: Ibíd.

[15] Ibíd.

[16] La zona donde supuestamente se encuentra la fosa es conocida como Las Matas de Lubia.

[17] Ibíd.

[18] Ibíd.

[19] Marcos Ana: Decidme cómo es un árbol. Memoria de la prisión y de la vida. Umbriel. 2007.

[20] Hernández de Miguel, Carlos: Ibíd.

1 comentario:

  1. me ha emocionado leer el texto, si mi padre viviera, tambien se habria emocionado,nunca quiso hablar de esa parte de su vida, pero yo sé , por su hermano, esa época del final de la guerra, él era de la quinta del biberón, que pasó años fuera de su tierra, primero la retirada de Catalunya, despues el paso de la frontera, y por último, el exilio, para poder comer cada dia, se alistó voluntario a la linea Maginot,despues de la guerra mundial, en la que pasó varios años en campos de internamiento, regresó a su España, y como bien dices le tocó la mili de franco, gracias por colgar este escrito, a mi me a despejado las pocas dudas que me quedaban, SyR

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