Mostrando entradas con la etiqueta Todos somos todo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Todos somos todo. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de noviembre de 2015

Atardecer entre olivos


Diez mil olivos se ven desde la cima del monte
en cuya ladera vivo.
Diez mil almas atrapadas en sus retorcidos troncos
que claman desde la profundidad de la tierra y del tiempo.

Sus tortuosas formas no son más
que fiel reflejo de su atormentada vida.

Cada atardecer me cuenta cada uno su propia historia:
Y me hablan de la Atlántida, de Tartesos,
de Turdetania y de Fenicia,
de Cartago y de Roma,
de Sefarad y de Al Ándalus.

Me recitan romances de la Frontera
entre moros y cristianos,
y me cuentan historias de indianos,
de contrabandistas y de bandoleros,
de jornaleros sin tierra,
de ácratas reunidos en la Casa del Pueblo.
De cartas recibidas que “hablan de sangre
sobre el campo Ibero”.
De fusilados en la noche que son enterrados
a escondidas junto a las cunetas,
por haber cometido el horrendo crimen de
plantarle cara al tirano.

Si os acercáis y guardáis silencio
oiréis el clamor de la tierra,
los ecos del tiempo,
la llamada de la sangre,
la cercana voz del abuelo…

Y sentiréis la presencia de los millones de seres
que amaron esta tierra, que la trabajaron con sus manos,
los que lucharon por ella y los que con ella alimentaron a sus hijos
mezclando sudor, sangre, aire, tierra, sol y agua;
amor, trabajo, pasión, anhelos, esperanzas …

Cuando veáis un olivo
Preguntadle cual es su historia,
y después guardad silencio … 

lunes, 15 de agosto de 2011

La Balsa de piedra

(a José Saramago)
En el punto de contacto
entre dos mares y dos continentes
flota “La Balsa de Piedra”.

En ese único punto del mundo
hace millones de años
que se produce una inmensa y continua
descarga eléctrica,
“por las diferencias de potencial”
como dirían los físicos.

El ambiente está “electrizado”,
y esa energía que lo cubre todo
transforma a cada ser vivo
que pone su pie en la inmensa nave
que flota a merced de los vientos
y de las “placas tectónicas”.

En ese lugar donde África
embiste contra Europa,
sus habitantes se convirtieron,
hace ya bastante tiempo,
en “El Pueblo de la Frontera”.

Y –después- la frontera se convirtió en puente,
y el puente se transformó en crisol,
y el crisol alumbró a un nuevo pueblo,
y el pueblo nuevo creó un nuevo tiempo,
y ese nuevo tiempo se transmutó en nuevo mundo,
con una ética nueva y una nueva mirada.

Y esa mirada nueva, un día,
se orientó hacia el ocaso, hacia el Océano inmenso.
Y decidió adentrarse en él,
y en su marcha arrastró a Europa entera,
que descubrió -a través suya-
los caminos de la mar;
esos caminos que llevan a nuevos continentes
y a nuevos hemisferios,
a nuevos climas, a nuevas razas y a nuevas civilizaciones.

Y aquella descarga eléctrica
que se producía en la balsa
se “derivó” -con sus hombres- hacia el oeste,
y produjo una inmensa explosión
que se escuchó en toda La Tierra
y la cambió para siempre.

A lo largo de la Historia
muchos hombres viajaron,
muchos hombres descubrieron
nuevos lugares y nuevos caminos.
Pero ninguno de esos hombres
provocó nunca tal impacto,
ni en el lugar de donde partió,
ni en aquél a donde llegó,
y mucho menos en el lugar de los que sólo observaban.

Y es que los de nuestra vieja balsa
estaban “electrizados”
y llevaban con ellos la energía
que se acumula en el fondo de su tierra.

Y la historia se repitió,
pero la descarga -esta vez-
fue entre hemisferios.
Y hubo nuevas explosiones,
y algunos de los pedazos viajan ya,
fuera de La Tierra, a través del Universo.

Los tripulantes de una nave alienígena,
sorprendidos por la última explosión,
decidieron acercarse a investigar la causa.

Y cuando pudieron divisar las formas del planeta
se quedaron petrificados al contemplar
como una balsa de piedra
navegaba, con rumbo suroeste,
arrastrando tras de sí
a un continente entero.

lunes, 4 de julio de 2011

“Son divertidos estos terrícolas”

“Son divertidos estos terrícolas”,
dicen en Alfa Centauro.
Las sesudas disertaciones de nuestros científicos
sobre la vida en el Universo
las venden en sus librerías
en las secciones de Humor infantil.

Y es que resultan graciosísimas
nuestras pretensiones de exclusividad,
la presunción de sabiduría, de pragmatismo
y de rigor científico que se desprenden de nuestros textos.

Por favor:
¿De verdad creen que estamos solos en el Universo?
¿En un universo tan vasto?
¿En un universo tan antiguo?

¿Ustedes han observado lo que son capaces de resistir
nuestros bichitos más pequeños?
¿Se les ha ocurrido pensar que tal vez ellos
no necesiten de nuestras naves espaciales
para transportarse por el Universo?,
¿Qué bajo determinadas condiciones
mil millones de años pueden ser un segundo
en la vida de una bacteria?,
¿Qué estas pueden recomenzar,
un segundo después, de su microscópica vida,
en Alfa Centauro lo que interrumpieron en la Tierra
... o viceversa?

Si hay vida en algún lugar,
hay vida en el Universo.
Si hay inteligencia en algún lugar,
hay inteligencia en el Universo.

¿Qué pasa, que no la han visto?
–me refiero a la otra, claro-.
Ah, bueno…

¿No se les ha ocurrido pensar que el silencio
de los extraterrestres sólo significa
que ellos no quieren que los oigamos?
¿Qué en vez de gritar, como nosotros, simplemente observan?

Lo que sería sorprendente no es encontrar por ahí vida,
ni tampoco inteligencia,
sino nuestro brutal egocentrismo.

Si hubiera otros como nosotros
tal vez estaríamos en peligro.
Pero de la verdadera inteligencia
no creo que debamos temer.

Si quisieran acabar con nosotros
han tenido cinco mil millones de años
para hacerlo.

¿Creen que han estado esperando a nuestra generación
por alguna razón especial?
¿Acaso porque somos lo más importante
que haya sucedido jamás sobre la Tierra?
¿Veis como sois unos egocéntricos?
¿Veis como ellos tienen sólidas razones para guardar silencio?

Si un día nos enseñaran su último modelo de platillo,
al día siguiente le habríamos hecho mil millones de copias.
Copias burdas, por supuesto.
Esa temporada causaría furor, en las pasarelas, la moda extraterrestre.

¿Para qué querrían ellos asistir a ese espectáculo de tan mal gusto?
A eso, en Alfa Centauro, le llaman “contaminación estética”,
en Andrómeda “colonización cultural inducida”
y en Sirio “ordinariez”.
La Confederación Interplanetaria la tiene prohibida, por supuesto.

Así que si hubiera algún alienígena dispuesto a hacer una demostración tecnológica
-algo así como un motero dispuesto a hacer el caballito delante de su público-,
debe saber que esa es una de las causas de retirada del permiso
para conducir platillos… ¡¡en todo el Universo!!.
Y después viene, obviamente, un tratamiento psicológico intensivo,
porque es evidente que ese individuo no está en sus cabales
y que arrastra algún horrible trauma infantil

¿Por qué creéis que nos han dejado vivir?:
porque la vida es sagrada para ellos,
porque el respeto hacia el otro es la base fundamental
sobre la que debe asentarse
cualquier civilización que no quiera autodestruirse.

Así que vayan tomando nota,
si quieren que alguien empiece a tomarnos en serio
y valore la posibilidad de establecer
un diálogo inteligente.

Comencemos haciendo un sencillo ejercicio:
intentemos permanecer un solo día en silencio.
En un silencio inteligente claro,
observando cuanto nos rodea
y reflexionando sobre ello.

Se trata de escuchar, no de contaminar
el espacio con nuestro ruido ensordecedor.
Olvídense durante ese día del resto de los humanos,
así como de sus obras, que ya han chupado bastante cámara.

Observen a los insectos, a los pájaros…
a la inteligencia discreta con que nos envuelve la naturaleza.
Intenten captar el mensaje cifrado
que nos transmite la encina cuando nos acercamos.
Aunque  ustedes no lo crean es una antena parabólica
que transmite en banda ancha
y comunica con la otra punta
de nuestro sistema planetario.
Si quieren hablar con Ganímedes
ese es el lugar apropiado.

¿Saben que cada piedra es un CD de varios “teras” memoria
que sólo espera el “lector” apropiado para poder descifrarlo?
¿Qué creen que nos podrá contar
cuando estemos en condiciones de escucharlo?

Así pues vayamos empezando a pensar en clave sideral:
Intentemos aprender a escuchar.

martes, 28 de junio de 2011

El ateo es el hijo pequeño del monoteísta

Se sienten los mayores antagonistas que imaginarse pueda,
pero son calcados el uno del otro.
-En realidad el ateo es un monoteísta frustrado-.
¿Qué tienen en común?
Mucho más de lo que creen.

Los dos tienen respuestas para todas las preguntas.
Los dos tienen prohibido decir “no lo sé”.
Los dos han montado una cosmovisión a partir de un solo dato.
Los dos proyectan lo poco que saben sobre lo mucho que ignoran.

Los dos creen que sus tradiciones son fruto de una revelación trascendente,
y que están indisolublemente ligadas a su contacto primigenio
(la del ateo se supone que es la ciencia).
No se les ocurre pensar que, simplemente, son costumbres validadas por el tiempo,
pura adaptación al medio, instinto de supervivencia
reforzado por la experiencia,
moralmente tan legítimas como las del pueblo vecino,
que son tan antiguas como las suyas
y constituyen su particular adaptación a su otro medio.

Los dos tienen patentada su verdad,
expiden certificados de ortodoxia
y condenan por herejes a los que osan mover una coma de su sitio.

Así es este mundo al que llamamos “Occidente”,
los mismos perros con diferentes collares,
que cambian siguiendo las modas que marcan los nuevos pontífices
(son pontífices los que pontifican,
y de esos estará de acuerdo conmigo
en que tenemos abundante cosecha).

¿Se acuerda de las polis de la antigua Grecia?
Allí tocaban a un dios por cabeza, y no les iba tan mal.
En realidad, con tal inflación de dioses
no tenían más remedio que relativizarlo todo.
Lo humano se mezclaba con lo divino
y al final acababa todo el mundo opinando,
por eso inventaron la Democracia y las asambleas participativas;
y cuando lo hicieron, cambiaron el mundo.

Desde entonces no han parado de atacarnos los “expertos”,
que en cada generación se inventan una nueva teoría
que busca, como todas las anteriores, hacer que el pueblo se calle,
que deje de opinar, que delegue en los que saben
y confíe en su “buen criterio”.

Y los que “saben”... cada nueva generación nos la vuelven a jugar,
se les vuelve a ver el plumero, los traiciona su condición humana
y nos vuelven a demostrar que son tan amigos de lo ajeno
como los de la anterior generación/teoría.

Así llevamos ya dos mil quinientos años,
que son cien generaciones, repitiendo la misma historia.
Digo yo que ya está bien ¿no?.

Así que volvamos a los griegos y vayamos ya mandando a paseo
las falsas seguridades de la civilización judeo-cristiana-cientifista
y su larga cohorte de “expertos” de todos los pelajes.

lunes, 27 de junio de 2011

El ágora de la aldea

Todos nos hemos concentrado
en el ágora de la aldea,
para decidir que hacer
con lo que nos queda de tierra y de vida.

Pero otra vez han llegado
los que se llaman “elegidos”,
para robarnos lo poco
que aún no han podido llevarse.

Dicen que vienen del Monte Olimpo,
como mensajeros de los dioses;
que ese es su “destino manifiesto”
porque se han “hecho a sí mismos”;
que sus contradictorias consignas
son el oráculo de Delfos.

Dicen que les protegen dos océanos
porque así lo quiso Zeus Tonante,
que fue quien los eligió para la gloria
y los elevó por encima del resto de los mortales.

Hoy hablan en el nombre de Apolo
y mañana en el de Aristóteles,
pero su retórica vana no tiene nada de sabia ni de divina,
sino de avaricia y de soberbia.

Con su lenguaje blasfemo
y su fanática mente,
van destilando su ira,
avasallando pueblos
y destruyendo el planeta.

Se han apropiado de la divinidad
y nos la “traducen” al resto que,
no sabemos por qué extraña razón,
hemos sido capaces de sobrevivir
hasta ahora sin su ayuda.

Pero esa anomalía se resolverá muy pronto,
según afirman los expertos,
que ya tienen a punto el nuevo mundo
en el que sobramos las tres cuartas partes de la humanidad.

Mira por donde parece
que les va a ayudar el cambio climático,
cuya existencia viene a demostrar
que hay demasiada gente sobre la Tierra.

¡Dicen que sobra gente!
No sobran coches, ni aviones,
ni piscinas unifamiliares, ni campos de golf, no.
¡lo que sobran son personas!

No sobra orgullo, ni egoísmos,
Ni tiburones al estilo de Wall Street, no.
¡sino personas!

¿Pero quienes se han creído que son?
¿Cómo se atreven a decidir sobre la vida del prójimo?
¿Cómo osan opinar sobre quien merece vivir y quién no?
¿Cómo se atreven a juzgar que vida es digna de ser vivida y cual no?

Presento una proposición: La aldea para los aldeanos.
Los expertos que esperen fuera.
Cuando necesitemos de su asesoramiento se les consultará
de manera específica y concreta.
Y si no les gusta su función pues ya conocen el camino.

Sin su asesoramiento tal vez volvamos a los tiempos primitivos
-algo terrible según ellos- pero, aunque parezca increíble,
entonces ¡¡sobrevivíamos!!, exactamente igual que ahora.

“Si –objetan-, pero había hambrunas y epidemias”.
Claro, igual que ahora.
Antes teníamos las sequías y ahora tenemos las “subprimes”.
Antes nos mataban la peste y la viruela,
ahora la contaminación y la radioactividad que liberan
sus “seguras” centrales nucleares.
Mañana nos matarán sus organismos biológicos genéticamente modificados,
si es que no lo están haciendo ya.

¿Qué cree que será peor, nuestra primitiva vida de antaño
o sus “seguras” manipulaciones tecnológicas de ahora?

Antes, al menos, sabíamos a qué atenernos.
Ahora, sencillamente, lo ignoramos todo.

Dicen que se nos informa puntualmente:
¿Hay alguien que se lo crea?
¿Queda alguien, en algún remoto rincón, que aún no haya escarmentado?

Sí, compañeros de aldea,
decidamos sobre nuestra vida los que vamos a sufrir las consecuencias.
Los del Olimpo que se vuelvan a su monte
Y allí decidan lo que van a hacer con él,
porque si tardan tal vez lo terminemos, también,
decidiendo nosotros.

viernes, 24 de junio de 2011

Han patentado mi código genético


Me he enterado por la prensa
que alguien ha patentado mi código genético.

A partir de ahora tendré que pedir permiso
para poder ser yo mismo.

Eso con un poco de suerte,
porque a lo peor hasta me prohíben serlo.

Mañana me cruzaré con un clon mío
que ha comprado mis derechos
y con ellos mi biografía,
con opción a corregirla, por supuesto.

Mi clon será mucho más dócil que yo, claro.
¿Para que iban a reproducir a alguien
que tenga mis mismos defectos?

Ya que se ponen me retocarán un poco,
harán un “yo" de diseño:
más docilidad por aquí,
más ingenuidad por allá,
más productividad por acullá.

Por supuesto hay que acabar con todo el potencial de rebelión,
“que ya sabemos como las gastan los humanos silvestres”.
Así que, poquito a poco terminarán teniendo un verdadero androide,
que es de lo que se trata. Eso sí, un androide biológico
-nada que ver con esos metálicos que se ven por ahí-

Será un androide de categoría,
capaz incluso de pasar desapercibido
-con algo de entrenamiento, claro-
en una convención de humanos silvestres:
“de esos capaces de reproducirse solos
por el método del apareamiento
-así se eternizan los genes perniciosos,
esos que no han pasado los controles de calidad
de los ingenieros genéticos-“.

“Los muy groseros, van reproduciéndose por ahí
sin pagar derechos y sin pasar los pertinentes chequeos,
sin recibir el visto bueno de la autoridad competente.”

Ya ven el futuro que nos espera
si lo dejamos en manos de los “expertos”,
así que creo que tendríamos que reflexionar
muy seriamente acerca de estos asuntos.

Tendríamos que ir empezando ya a poner límites,
es mucho más fácil aflojar la mano después
que intentar reconstruir lo que destruyan sus engendros biológicos.
Esa es la diferencia entre sucesos reversibles e irreversibles.

En estos temas es mucho más sano
quedarse corto que pasarse.
Lo primero se arregla, lo segundo no.


domingo, 19 de junio de 2011

Grullas de Isla Mayor




He vuelto a ver a las grullas
en los arrozales de Isla Mayor.
En esa tierra que antes fue marisma,
lago, en tiempos de Roma,
y bahía, en la era de los atlantes.

Bahía que en sus orillas
vio crecer al Imperio tartésico;
y al rey Argantonio recibir a la embajada de Focea,
antes del gran maremoto.

La que vio a Hércules robar los bueyes a Gerión,
que conoció a Gárgoris y a Habidis
y contempló a las flotas fenicias
llenar sus galeras de la plata, el cobre y el estaño
con los que inundaron el antiguo Oriente.
Esa que en sus orillas vio crecer unos palafitos
a los que hoy llamamos Sevilla.

He vuelto a huir de la ciudad,
de esta jungla de asfalto que nos atrapa,
nos reduce y nos ahoga,
para reencontrarme con la tierra
donde nuestros antepasados construyeron
aquel mundo misterioso y remoto
que alimentó las leyendas de los países del “Más Allá”,
de los del “Fin de la Tierra”.

¿Qué fue de todo aquello?
¿Qué quedó de aquel mundo legendario?

Quedaron las grullas, las cigüeñas y los bueyes,
quedaron la brisa del mar y el gran río.
Quedó la gente sencilla que sigue trabajando la tierra
donde sus ancestros vivieron,
quedaron la marisma ardiente, su santuario milenario
y las barcazas atravesando el río,
Los ecos de los peregrinos de las arenas
y el espíritu del pueblo de la eterna frontera,
el de las Columnas de Hércules,
los vecinos del Mar Tenebroso.

Quedaron los ecos de un país mil veces añorado,
sobre el que cada pueblo que lo visitó proyectó su propio espíritu,
le puso su propio nombre y guardó su recuerdo
como una época dorada dentro de su propia historia.

He vuelto a ver a las grullas
en los arrozales de Isla Mayor…